No hay que temerle a la murmuración

murmuraciónUno de los males más grande que afectan a miles de personas y comunidades alrededor del mundo es la murmuración, entendida como el acto de hablar ´más de la cuenta´ sobre personas, situaciones, organizaciones, ideas, etc.

En la Biblia no solo se presentan casos de murmuración que tuvieron consecuencias desastrosas para quienes la practicaron, sino que algunos autores de las Escrituras, tomaron varias líneas para recomendar no hacerlo. El clásico ejemplo se encuentra en Números 12, cuando María y Aarón hablaron en contra de Moisés por su nueva compañera sentimental; en este caso, la mujer murmuradora tuvo como recompensa, la lepra.

Así mismo, esta práctica es condenada en el Nuevo Testamento. En Santiago 4:11, se advierte a no practicarla, al igual que en Filipenses 2:14, textos que claramente muestran la murmuración como una amenaza a la convivencia y amor fraternal entre los hermanos; llevando a quien la practica al peligro de llegar incluso a desobedecer el mandato de Jesús de amar al prójimo como a sí mismos, pues el daño que se hace, puede llegar a ser irreparable. Incluso, el apóstol Pablo en su carta a los Romanos, en el capítulo 1, versículo 30; cataloga este comportamiento como una depravación radical del hombre.

El problema de la murmuración radica principalmente en que lo que se dice sea falso, mentira o testimonio alejado de la verdad. Esta y el chisme son armas letales que destruyen personas, comunidades, la paz y el amor en medio de los hermanos.

Esta es una cara de la moneda.

Pero al otro lado del espectro, está una historia muy importante e interesante de la iglesia primitiva.


 

“1. En aquellos días, como creciera el número de los discípulos, hubo murmuración de los griegos contra los hebreos, de que las viudas de aquéllos eran desatendidas en la distribución diaria.2 Entonces los doce convocaron a la multitud de los discípulos, y dijeron: No es justo que nosotros dejemos la palabra de Dios, para servir a las mesas.

3 Buscad, pues, hermanos, de entre vosotros a siete varones de buen testimonio, llenos del Espíritu Santo y de sabiduría, a quienes encarguemos de este trabajo.4 Y nosotros persistiremos en la oración y en el ministerio de la palabra.

5 Agradó la propuesta a toda la multitud; y eligieron a Esteban, varón lleno de fe y del Espíritu Santo, a Felipe, a Prócoro, a Nicanor, a Timón, a Parmenas, y a Nicolás prosélito de Antioquía; 6 a los cuales presentaron ante los apóstoles, quienes, orando, les impusieron las manos.

7 Y crecía la palabra del Señor, y el número de los discípulos se multiplicaba grandemente en Jerusalén; también muchos de los sacerdotes obedecían a la fe” Hechos 6:1-7


El relato se concentra, no tanto en la murmuración que se estaba presentando en medio de los hermanos, sino en la actitud de la iglesia frente a esta. Así mismo sucede en todas las áreas de la vida de fe; situaciones adversas se pueden presentar, pero los resultados dependerán de la actitud que el cristiano adopte frente e ellas. Hace unos meses escuché una frase que llamó mi atención por lo acertada de la premisa, “no te preocupes por lo que digan de ti, a menos que eso que dicen de ti, sea cierto”.

Uno de los problemas más grandes que afronta la iglesia cristiana contemporánea, es que no ha aprendido a responder a la crítica o murmuración, sea el objeto de esta verdad o no. Usualmente, se observa desde los púlpitos y desde círculos de liderazgo de las comunidades, satanización hacia expresiones contradictorias, pero muy poco autoevaluación y reflexión al respecto.

No fue el caso de la iglesia de los hechos. La queja llegó a los oídos de los apóstoles y estos, antes que condenarlas, las escucharon y respondieron a los señalamientos con soluciones que beneficiaron a la iglesia. No siempre silenciar es la solución.

El ejemplo de Jesús también es muy diciente frente a situaciones similares. Él siempre tenía una respuesta a las críticas y murmuraciones, no solo las ignoraba, sino que las aprovechaba para generar reflexión, enseñar y aliviar la carga. En pocas palabras, cumplir con el propósito del Evangelio.

En la parábola de Mateo 20:11, el señor de la viña da una respuesta no menos que sensata a aquellos que murmuraron contra sus acciones. El mismo Jesús respondió cuando murmuraron contra los discípulos en Lucas 5:30, al igual que quienes lo hicieron contra la mujer en Marcos 14:4. Siempre sus reacciones estuvieron dentro del marco de la sabiduría, dando respuestas, enfrentando las situaciones y dejando tras su actuar, grandes enseñanzas.

Se hace entonces necesario que la iglesia de hoy sea instruida y preparada para poder afrontar los retos que se presentan en una sociedad cada vez más preguntona, pensante y con herramientas como las redes sociales, en las cuales cualquiera puede acusar a los demás de ´herejes´, ´hipócritas´, ´apóstatas´ y ´abanderados de la falsa doctrina´.

No se trata de aprender a excusar malos comportamientos, sino todo lo contrario; suprimir aquellas cosas que van en contra del Evangelio, pues al acercarnos a Jesús, somos más como él, pero es necesario también estar capacitados para dar respuestas relevantes en nuestra generación. Es un reto poder erradicar la ignorancia de nuestra vida y congregaciones, esa que en vez de enseñarnos a amar con la Biblia en nuestras bocas, hiere y menosprecia desde las Escrituras en nombre Dios, usando cosas que él no ha dicho.

Por: David Gaitan
Twitter: @Dabycito

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