‘Patrón, ya silenciamos al carpintero’

jesusLa crucifixión de Jesús ha sido estudiada desde un sinnúmero de ópticas. Comenzando por la predestinación de esta como un plan de contingencia frente al mal del pecado, hasta la forma de apaciguar la ira de Dios, quien sediento de sangre sólo pudo ser saciado por la de su propio Hijo. Y entonces aparecen cientos de matices, posiciones y contraposiciones. Hoy, pensando un poco, se puede llegar a considerar la vida del Maestro y cómo esta vida llegó a ser su mayor causa de muerte.

Y es que hay varios, muchos, o tal vez todos los aspectos en la vida del Hijo del Hombre que desataron la furia de sus enemigos más poderosos y malvados, a tal punto que no solo desearon su desaparición, sino que llevaron a cabo su asesinato. Todo desde la legalidad de su tiempo.

Escribo estas lineas porque justamente estamos ya acostumbrados a acercarnos a la vida de Jesús, su sufrimiento, sangre, dolor y muerte desde el misticismo. Usamos por ejemplo la expresión “la sangre de Cristo tiene poder” como una muletilla, un talismán que nos traerá una especie de ´buena suerte´, guardándonos de todo mal y peligro.

Pero estos momentos de la vida del nazareno son circunstancias que vivió en su humanidad. ¡Sí, el Dios que se hizo humano!. Ese que vino a mostrarnos al Padre, a quien nadie ha visto jamás y por consiguiente, nadie ha conocido. Y Jesús entonces nos habló de ese Padre con nuestras palabras, en nuestras mesas y caminando nuestras polvorientas calles.

Y no habló cualquier tipo de palabras, ni vivió de cualquier manera. Su discurso y su vida hicieron mella en el ´sistema´, en el mundo. Ese mismo mundo del que fuimos advertidos, pero que no entendimos; nunca supimos a qué se refería el Ungido de Dios. Ese, al que le hizo afrenta cuando ´acarició´ a los leprosos, aquellos ´hombrecillos´ indeseables a quienes nadie quería tocar, a quienes nadie quería mirar, los que eran inmundos y no podían entrar en el templo, ni en la ciudad, ni en las casas, ni en la vida de nadie.

El revolucionario Salvador era un hombre formidable y esperanzador. Por eso cuando entró a Jerusalén lo hizo  sobre un pollino. Entonces sus seguidores clamaban “Hossanna“, palabra que a nuestros días quiere decir algo así como “Sálvanos Señor“. Y había razones para gritar esta arenga, pues la opresión que los judíos vivían por parte de Roma era indescriptible, intolerable.

Pero el imperio conquistador no era el único opresor. La élite religiosa judía estaba muy interesada en cobrar los diezmos y donaciones al templo; lo hacían a familias pobres, quienes no tenían con qué pagar sus deudas, las cuales sobrepasaban su propia posibilidad.

En algunos casos de esta época, cuando los judíos dueños de una pequeña parcela que cultivaban, no podían cubrir sus obligaciones con el imperio, debían entregar entonces su tierra como parte de pago; recibiendo un reconocimiento económico por ello. Pero el dinero no alcanzaba y pronto se acababa. Era en ese momento cuando el antiguo dueño de dicha parcela podía rentar la que había sido su propiedad y entonces ahora pagaba un canon para poder explotar la tierra. Pero el dinero tampoco alcanzada; así no cumplía con las deudas y entonces debía vender su propia vida en esclavitud para cancelarle al imperio lo que se debía.

Esta era la paupérrima situación, y los del camino, aquellos que arengaban “Hossana al hijo de David” en aquel ´Domingo de ramos´; lo hacían con esperanza, con una que pretendía que al enemigose le diera su merecido. Una demanda bastante justa por demás.

La desesperación se respiraba en el ambiente, los pobres eran más. Sin embargo, la respuesta del nuevo Salvador no era como ellos la habían esperado. Un pollino era el arma desde la sabiduría, desde la burla al sistema opresor.

El mensaje no era guerrerista, era el amor. Bastante ilógico para ellos. Y para nosotros.

Jesús bien habría podido alentar una revolución armada en contra de Roma, pero la instrucción fue clara, como contundente: Amen a sus enemigos. Aquellos que esperaban armas, guerra, sangre y fuego; recibieron perdón, reconciliación, consideración y amor como respuesta.

Pero es muy importante ver lo que relata el evangelista. Un sermón, quizás el más importante del galileo, El ‘del monte’. Particularmente en el capítulo 5 de Mateo, el versículo 38, Jesús echa mano de lo que hasta entonces se conocía como justicia. Este elemento es sumamente importante para la conclusión del presente documento.

El orador dice, “ustedes han oído: ojo por ojo y diente por diente…“; siendo este es el elemento que se usa como base del contra argumento.  Es muy sencillo: Si usted hizo, debe pagar. El que mata a espada, muere a espada; el injusto, recibirá castigo a cambio. Y desde aquí comienza a construir su visión de reino: “Si te golpean en una mejilla, da también la otra“. Interesante, revolucionario, ilógico, aterrador, ridículo.

La lógica del reino que vino a predicar este Salvador fue en contravía de la manera que se supone se debía actuar. “¡Hay que dar a los bandidos lo que se merecen!” es es el camino ancho, pero el angosto es perdonar.

Por supuesto que esto puede despertar antipatía. “¡el ‘Rey de los judíos’  ahora es un traidor!, pide que perdonemos a Roma, que ofrezcamos la otra mejilla”. Un pueblo decepcionado es una masa apetecida por los manipuladores religiosos que lograron hacer vibrar la palabra “crucifíquenlo” en boca de quienes habían sido salvos. Pero no lo entendieron. – Nota al margen: Como aún hoy no se ha entendido.

Pero ahí no terminan los detalles. Siempre hay tela que cortar cuando de un Dios hecho humano se trata. Y entonces llegamos a la cena, la última.

Se supone que esta sería en el marco de la Pascua. Una celebración judía que conmemora la liberación, el tiempo en que Moisés ordenó tomarla por la naciente nación peregrina en el desierto hace miles de años atrás.

Escuché a un teólogo sugerir que para la Pascua, normalmente las familias sacrifican un animal y lo comen. Es un festín. Hay comida, alegría, se comparte con seres queridos y se conmemora la salvación de Dios. Sin embargo, a este teólogo le llama profundamente la atención el menú en medio de la última cena del Maestro con sus doce discípulos. No hay animal sacrificado; sólo se dispone de pan y vino. Una alternativa sumamente modesta cuando no hay para comprar el cordero. Jesús se da la última cena, una de pobres.

Y entonces pienso en aquellos condenados a pena de muerte, quienes reciben por parte del centro carcelario la boleta para ordenar su último menú. Muchos escogen el mejor platillo, o el que les recuerda un gran momento del pasado. Este condenado nazareno elige el amor, compartir con los suyos. No importa la comida, importan quienes lo acompañan.

Y así pasa sus últimas horas. Previamente habiendo tumbado las mesas de los comerciantes del templo, habiendo sido embalsamado por la mujer con su perfume costoso, habiendo cenado y orado en el Getsemaní, habiendo sido besado con el beso más amargo.

Un hombre bueno que fue asesinado porque su discurso y su vida no cabían en este mundo. A Jesús lo mató la vida que llevó, las palabras que pronunció. “Los profetas mueren jóvenes”, sentencia Ulises Oyarzún, un joven teólogo chileno. Y sí; las denuncias de este carpintero lo llevaron a una cruz.

Una cruz maldita. Sólo los peores delincuentes llegan hasta ella, los olvidados; los sin nombre. Quienes son capaces de levantarse contra el sistema, contra el imperio, contra Roma. Aquellos que queriendo ser héroes, se convierten en semilla.

Años después un seguidor de Jesús escribe que él triunfó en la cruz.

“y despojando a los principados y a las potestades, los exhibió públicamente, triunfando sobre ellos en la cruz” Colosenses 2:15

Otro texto que leemos desde el misticismo, desde lo sobrenatural (no estoy diciendo que esta lectura sea necesariamente mala y no vale la pena discutirla en este documento. Hagámoslo después). Pero, hablando frente a el hecho histórico, ¿Cómo se puede vencer desde una cruz?, ¿Cómo el avergonzado puede avergonzar?

¿Recuerdan que unas líneas atrás hablamos de la justicia (ojo por ojo…)? Pues esa fue la manera en que el profeta enviado del cielo avergonzó a los poderosos. Es como si desde la cruz hubiera gritado: “Ustedes creen que su justicia es perfecta, pero no. ¡Están matando a un inocente!“… La justicia del ojo por ojo quedó expuesta. El sistema es corrupto, es imperfecto, deficiente; pues según su lógica, este inocente no debía morir, sino ser Rey.

Todos ellos quedaron expuestos; los gobernantes, los que ostentaban dignidades, el sistema, el príncipe de este mundo, los principados y las potestades fueron expuestos públicamente y derrotados. Pero no entendimos entonces y no entendemos ahora.

El Rey sobre el pollino nos estaba dando la lección más grande, el Maestro nos dio su clase cumbre con su verdad, esa que lo llevó a la muerte y que como recompensa recibió el regalo del Padre, la resurrección. ¡Porque la muerte no pudo con él!

Pero no lo creímos ni lo aceptamos. Ese mundo que vino a denunciar nos sigue gobernando, el sistema contra el que luchó, se sigue enseñoreando de nosotros. Seguimos pensando en ojo por ojo y rechazamos el amor y perdón, hacemos nuestra justicia y nos olvidamos de lo defectuoso del sistema. La culpa es nuestra, no escuchamos. Hicimos de la religión nuestra mejor excusa para ir en contravía de las enseñanzas del Maestro.

Por: David Gaitan
Twitter/ @dabycio

 

Gracias a César Soto, Yoe de Simone, Ulises Oyarzún, La Conversación en Curso por sus reflexiones teológicas. El camino se construye con mentes nuevas

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