El día en que la utopía les devolvió la esperanza…

utopiaEl pasado domingo se conmemoró el Pentecostés, en memoria de aquél tiempo cuando el Espíritu Santo descendió sobre hombres y mujeres, discípulos de Jesús, como lenguas de fuego. En general la discusión se ha quedado sobre este punto; si se debe o no hablar en leguas, si los carismas están vigentes hoy.

En estos días, luego de reflexionar un poco y hablar con algunos amigos, encontré una obra maravillosa del Espíritu Santo en la iglesia primitiva y que bien podría (y debería) inspirarnos aún a nosotros.

“Si me amáis, guardad mis mandamientos. Y yo rogaré al Padre, y os dará otro Consolador, para que esté con vosotros para siempre: el Espíritu de verdad, al cual el mundo no puede recibir, porque no le ve, ni le conoce; pero vosotros le conocéis, porque mora con vosotros, y estará en vosotros” Juan 14: 15- 17

Jesús en vida, les promete a sus oyentes que enviaría al Espíritu, quien se encargaría de traer consuelo y esperanza, una vez él ya no estuviera con ellos. La palabra usada para ‘Consolador’ en este pasaje, viene del griego Parakletos, que significa, alguien que ayuda, intercesor, consolador.

Permítanme usar un ejemplo para ilustrar esto. Imaginen que ustedes van en una avenida de la ciudad conduciendo su auto, y de repente chocan en un accidente automovilístico contra un bus del servicio público. En su mente ya todo está perdido. Nadie le gana una batalla jurídica al servicio de transporte público, es como enfrentarse al mismo gobierno. La cosa se complica porque del accidente, quedó como resultado una víctima fatal. Entonces, su vehículo será inmovilizado, ustedes pasarán detenidos mínimo por unas noches y bueno, el panorama no pinta nada bien.

Es en ese momento cuando recuerdan llamar a su compañía de seguros, quienes llegan, les prestan asesoría, se encargan de los trámites ante el gobierno, impiden que se los lleven detenidos, les proveen un vehículo que los lleva de regreso a casa. En otras palabras, ellos se convierten en su ‘parakletos’. Un lindo ejemplo, un tanto personalista, lo reconozco, pero que sí o sí, nos debe llevar al actuar del Espíritu en medio de una comunidad.

Ahora. Este Consolador tiene una misión:

“Pero cuando venga el Consolador, a quien yo os enviaré del Padre, el Espíritu de verdad, el cual procede del Padre, él dará testimonio acerca de mí” Juan 15:26

El propósito del Espíritu Santo es llevarnos a la persona de Jesús. Nos consuela, mientras nos evidencia la vida del Mesías, para que entonces nos convirtamos también nosotros en sus testigos. A su vez, Jesús nos conduce al Padre (Juan 14:6)

Ahora, si tenemos al Espíritu, daremos fruto… ¡Su fruto!

“Mas el fruto del Espíritu es amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fe, mansedumbre, templanza; contra tales cosas no hay ley” Gálatas 5:22-23

Es más noble desarrollar el fruto, que ostentar dones…

“Si yo hablase lenguas humanas y angélicas, y no tengo amor, vengo a ser como metal que resuena, o címbalo que retiñe. Y si tuviese profecía, y entendiese todos los misterios y toda ciencia, y si tuviese toda la fe, de tal manera que trasladase los montes, y no tengo amor, nada soy. Y si repartiese todos mis bienes para dar de comer a los pobres, y si entregase mi cuerpo para ser quemado, y no tengo amor, de nada me sirve.” 1 Corintios 13:1-3

Aquí es cuando todo se conecta y el relato toma tintes absolutamente maravillosos, un cuadro hermoso.

“Todos los que habían creído estaban juntos, y tenían en común todas las cosas;  y vendían sus propiedades y sus bienes, y lo repartían a todos según la necesidad de cada uno. Y perseverando unánimes cada día en el templo, y partiendo el pan en las casas, comían juntos con alegría y sencillez de corazón, alabando a Dios, y teniendo favor con todo el pueblo. Y el Señor añadía cada día a la iglesia los que habían de ser salvos” Hechos 2: 44-47

Imaginemos esto. Según algunos historiadores bíblicos, en los tiempos de Jesús un gran número de personas estaban en la miseria absoluta porque el imperio de Roma, más la acción de algunos sacerdotes judíos, les habían ‘exprimido’ todo su dinero a través de impuestos y diezmos (lea aquí más información al respecto).

Estas personas estaban en una situación muy parecida a la indigencia, pidiendo limosna, e incluso, se habían vendido a sí mismos como esclavos. Una situación desgarradora y bastante desesperanzadora. Es entonces cuando una comunidad los acoge, no solo los ama, sino que se encarga de sus necesidades económicas, espirituales y del alma; proveyéndoles el sustento que necesitan.

¿No les parece un cuadro bellísimo? La utopía les devuelve la esperanza, no solo desde el discurso, sino desde la práctica. El Espíritu Santo es el único que podría convencer a las personas adineradas de la comunidad a entregarlo todo por el bienestar de otros. Esta es la iglesia primitiva, una comunidad en todo el sentido de la palabra, en donde el mandato de amar al prójimo toma dimensiones que en nuestros días, nos cuesta incluso imaginar.

Que hermoso sería que volvamos al ejemplo de aquellos que entendieron el Evangelio como mecanismo de transformación. Más allá de la mística, de la ‘espiritualización’ de todo; que aprendamos a negarnos un poco y caminar en contra de la corriente de este mundo, el consumismo desmedido y pensemos más en nuestro prójimo.

¡Que el Espíritu Santo sea nuestro sello!

Por: David Gaitan
Twitter: @dabycito

Advertisements

4 thoughts on “El día en que la utopía les devolvió la esperanza…

Leave a Reply

Fill in your details below or click an icon to log in:

WordPress.com Logo

You are commenting using your WordPress.com account. Log Out / Change )

Twitter picture

You are commenting using your Twitter account. Log Out / Change )

Facebook photo

You are commenting using your Facebook account. Log Out / Change )

Google+ photo

You are commenting using your Google+ account. Log Out / Change )

Connecting to %s