Del diezmo y el dar bíblico…

Gardener's hands hold a harvest including a pepper, beet, tomato, and basil at Danburry Community Garden in Danbury, CT.

Es muy común ver en sociedades como la nuestra, la radicalización de individuos en posiciones opuestas. La teología no es la excepción, y cuando se trata del dar, aún más. Por un lado están aquellos que defienden a ultranza la ley del diezmo desde los púlpitos, medios masivos, redes sociales, etc; y por otro, quienes la atacan y han abandonado la práctica de dar hace tiempo.

Este tipo de comportamientos no deben resultarnos extraños en tiempos en los que la información se encuentra al alcance de las manos, máxime, cuando cada vez hay más concientización sobre el estudio de las Escrituras y el desarrollo de hermenéuticas que consideren varios elementos al momento de acercarse al texto.

Frente a la ley del diezmo, generalmente se ‘echa mano’ del escrito en Malaquías capítulo 3; desde donde se ha predicado que quienes no practican el dar el 10% de sus ganancias a la iglesia, están bajo la maldición doble, reseñada en esta porción bíblica.

Para poder desenmarañar el nudo al respecto, se hace imprescindible conocer un poco de historia. Esta tiene que ver con el proceso del pueblo esclavo en Egipto, el cual, una vez libre, debía establecer normas de conducta comunitaria para poder comportarse como nación.

De eso se trata la ley de Moisés. Es una especie de ‘Constitución’, como la que tenemos hoy en nuestros países occidentales. Son normas de convivencia en comunidad, una propuesta que busca la paz en medio de la naciente sociedad judía, la cual tiene que ver con los comportamientos entre ciudadanos y frente a Dios; accionares de un pueblo que no sabe cómo serlo. Esclavitud es lo único que han tenido, de manera que hay que presentar estas reglas con sus consecuencias, castigo o beneficio.

En esa ‘Constitución’ está la ley del diezmo, la cual, si aplicáramos en nuestros días, se constituiría como una suerte de ‘impuesto’. Recordemos que en la sociedad judía bíblica, el Estado, la Política, la Religión, el sistema educativo y social, estaban completamente ligados y se desarrollaban desde la ley de Moisés.

Esto tenía una razón de ser. Según los mismos estatutos que Dios había establecido, de las tribus que conformaban el pueblo de Israel, una no podía tener heredad. Se trataba de los levitas, aquellos que ministraban en el Tabernáculo, primero, y luego en el Templo. Mientras todas las tribus podrían desarrollar actividades económicas como la agricultura, pastoreo o comercio, los hijos de Leví, no.

Estos últimos dependían del  ‘impuesto’, o diezmo de los demás israelitas. En ese sentido, llama profundamente la atención que Dios en Malaquias presente defensa de este vulnerado sector de la población. Es un llamado de atención a un pueblo indolente que no estaba viendo la necesidad de los que tenían su dedicación al servicio religioso. Mientras algunos vivían de sus trabajos, el pueblo levita pasaba hambre y necesidades.

Hoy resultaría imposible aplicar una ley que estaba orientada a un pueblo en particular, en un momento de la historia en particular y con un destino en particular. Con esto no estoy ignorando el carácter sacro que para los hijos del pueblo, representaba el dar los diezmos a Dios en los tiempos bíblicos de Israel, sino que me propongo aportar una visión complementaria.

Ahora, he escuchado y leído frente al tema, el argumento a favor del diezmo hoy en la iglesia, el caso registrado en Génesis 14, cuando Abraham presenta el diezmo a Melquisedec. Básicamente, quienes están a favor de presentar los diezmos como lo hizo Abraham, apelan a que este operó en su momento fuera de la ley, pues esta aún no había sido entregada.

Interesante postura, la cual también toma como fundamento Hebreos 7. Sin embargo, según el autor neotestamentario, Melquisedec es una representación de Cristo, sacerdote de Dios. En esa misma línea argumentativa, cabe destacar que en la iglesia todos los hijos de Dios somos sacerdotes, no solamente los ministros. Es decir, que cualquiera dentro de la comunidad podría ser el receptor del diezmo.

Es por esto, que bien se debe considerar la posición de Jesús frente a este tema. No solo del diezmo, sino del dar en general. Antes, quisiera enunciar la posición que el Apóstol Pablo toma frente a la ley. Él desarrolla una argumentación bastante interesante en su carta a los Romanos, donde deja ver que como iglesia, no estamos ya bajo la ley ‘del pecado‘, sino, bajo la ley de la Gracia. Específicamente en el capítulo 7:4, declara “Así también vosotros, hermanos míos, habéis muerto a la ley mediante el cuerpo de Cristo, para que seáis de otro, del que resucitó de los muertos, a fin de que llevemos fruto para Dios“. – Nota: Este texto deberá ser leído en el contexto literario de toda la carta.

Jesús y el dar

Uno de los episodios más interesantes en los que el Maestro de Galilea se refirió al tema lo encontramos en el evangelio de Mateo, en el Capítulo 15:3 “Respondiendo él, les dijo: ¿Por qué también vosotros quebrantáis el mandamiento de Dios por vuestra tradición? Porque Dios mandó diciendo: Honra a tu padre y a tu madre; y: El que maldiga al padre o a la madre, muera irremisiblemente. Pero vosotros decís: Cualquiera que diga a su padre o a su madre: Es mi ofrenda a Dios todo aquello con que pudiera ayudarte, ya no ha de honrar a su padre o a su madre. Así habéis invalidado el mandamiento de Dios por vuestra tradición. Hipócritas, bien profetizó de vosotros Isaías, cuando dijo: Este pueblo de labios me honra; Mas su corazón está lejos de mí. Pues en vano me honran, enseñando como doctrinas, mandamientos de hombres” (énfasis del autor del presente documento).

Es un momento en el que los Fariseos querían tentarlo para hacerle caer. En este instante, el Maestro denuncia la mala conducta de los líderes religiosos, quienes estaban guiando al pueblo a traer ofrendas delante de ellos, esas mismas que debían ser destinadas a honrar a padre y madre. Es muy interesante la postura de Jesús. Él les está diciendo algo como que no es cierto que sea más importante traer ofrendas al templo, si en casa, los padres no son honrados. Es como si hoy nos dijera, si hay hambre en tu casa, pero traes ofrenda a la iglesia, estás pecando.

Aquí deja ver una tesis que también reseña sobre el día de reposo, y es, que la ley es para el hombre; no el hombre para la ley.

Un segundo episodio en el ministerio de Jesús , lo encontramos en el evangelio de Lucas, capítulo 8, versos del 1 al 3. En este pasaje vemos que hay mujeres que financian las cruzadas del galileo.  Se trata, entre otras, de la misma esposa del administrador general de Herodes. Era una mujer supremamente generosa. No me quiero imaginar el monto de las cuentas que debía pagar, pues mantener a un predicador itinerante, con toda su comitiva, entre los que se encuentran doce apóstoles, no había de ser económico. Sin embargo, ellas lo hacías con mucho gusto. A Jesús jamás se le vio amenazándoles o manipulándolas para que fueran sus patrocinadoras.

Hay un tercer momento. Uno que llama profundamente la atención por la particularidad del relato, es como poner peso en la balanza para equilibrarla. Lo encontramos en el mismo evangelio de Lucas, pero esta vez en el capítulo 21, versículo 1 en adelante. “Levantando los ojos, vio a los ricos que echaban sus ofrendas en el arca de las ofrendas. Vio también a una viuda muy pobre, que echaba allí dos blancas. Y dijo: En verdad os digo, que esta viuda pobre echó más que todos. Porque todos aquéllos echaron para las ofrendas de Dios de lo que les sobra; mas ésta, de su pobreza echó todo el sustento que tenía”.

Un episodio que no habla de dinero, sino de corazón. Claramente la capacidad financiera de la protagonista del relato era paupérrima, dio una cantidad ínfima de dinero, la cual no era representativa. Sin embargo, representaba todo lo que tenía. Ella dio su vida en esas monedas. Un voto de confianza que fue alabado por el Rabino del camino.

Sin embargo esta historia bien debería considerarse en el contexto de lo que estaba comenzando a ocurrir en adelante. Curiosamente el mismo autor de este evangelio, más adelante en el libro de los Hechos narra lo que pasaba en la iglesia primitiva con las viudas. El dinero recaudado se usaría para ayudarlas, para sustentar a los necesitados.

Hoy una viuda da todo lo que tiene para su sustento, mañana es la iglesia la que se encargará de sus necesidades con las ofrendas de quienes, movidos por el Espíritu Santo, dan todo lo que tienen con generosidad sin precedentes (Lea aquí lo que el Espíritu Santo hizo con sus ofrendas, una sentida reflexión sobre la iglesia primitiva).

Es quizás por eso que muchos no se animan a dar con libertad, todo por ver en qué terminarán los aportes de los miembros de la comunidad. Muchas veces en el enriquecimiento de unos pocos, en vez del desarrollo de la comunidad en pleno, se ha olvidado el propósito de las ofrendas, los dineros que una vez son entregados en la canasta, se convierten en públicos, se convierten en los dineros de Dios.

Sin embargo, la Biblia nos invita a ser generosos, a dar, no de lo que nos sobra; sino de lo que hemos recibido para que el Evangelio de Jesús se extienda a través de lo que hacemos y predicamos. Las buenas Nuevas traen consigo pan y vino, quizá como el mismo símbolo del Cristo que se entregó y tomó la forma de pan que alivia el hambre y vino que sacia la sed.

Más adelante, Pablo da algunas perspectivas sobre cómo se debe dar. En su segunda carta a los Corintios, en el capítulo 9, reseña que esta acción debe obedecer a un deseo del corazón, debe ser en libertad, no con tristeza ni por necesidad (¡exacto!, de una vez está descartando los actuales “pactos”).

Dar entonces es un acto de agradecimiento, de libertad, de amor para con Dios y para con el prójimo. Bien puede ser el 10%, el 50% o el 2%. No hay un monto establecido, ni de ley. No es condicionante. No hay maldición si no se da un porcentaje impuesto.

Es un reto para la iglesia, la cual debe encontrar mecanismos que orienten las finanzas a las necesidades de su contexto, no a enriquecer una institución o ministro. ¡Que el dar sea el ejercicio del amor máximo a Dios y al prójimo!

por: David Gaitan
Twitter / @dabycito

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