De ‘Jehovanos’ a Cristianos

guerra santaDe las críticas más despiadadas que hace el ateísmo y el humanismo a la fe cristiana, es sobre el contenido bíblico del Antiguo Testamento; en donde la violencia pareciera ser la protagonista en el relato de las Escrituras.

Una observación que a nuestros días resulta bastante pertinente por la elevada presencia de lenguaje guerrerista en medio de liturgias, cultos y reuniones, sobre todo evangélicas, en la América Latina y los Estados Unidos.  

Desde expresiones como ‘Jehová es varón de guerra’, hasta el uso de banderas, música con compás de marcha en medio de las alabanzas y predicaciones cargadas de simbolismos y metáforas como armaduras, batallas, enemigos, vencedores, victoria, aplastar, derrotar, acabar, vencer y canciones con letras como “perseguí a mis enemigos, los alcancé, los destruí, los atrevesé, bajo los pies del Señor cayeron y no se levantaran más…“; dejan en evidencia que la guerra sí es un común denominador bíblico.

Ahora, el punto no es la presencia de textos tan escandalosos a nuestros ojos hoy en la Biblia, como 2 de Reyes 2:23 o 1 de Samuel 15:2-3, o algunos otros de su naturaleza; sino que precisamente, los estamos leyendo desde nuestra perspectiva, cuando pertenecen a otra época.

Para eso, deberíamos entender Cómo llegó la Biblia hasta nosotros (lea aquí más información al respecto), Cuál es la naturaleza del texto bíblico y cómo deberíamos leerlo (lea aquí más información al respecto); pues teniendo en cuenta una correcta contextualización de los hechos narrados y la naturaleza del libro, podremos tener herramientas de entendimiento.

Y ese es justamente el daño que la iglesia contemporánea hace a la sociedad al leer e interpretar la Biblia de una manera estrictamente literal. Pues trae y reivindica a nuestros días, comportamientos que definitivamente no podemos adoptar hoy, pues pertenecen a la época que describen.

Esto se puede ejemplificar de manera resumida así: En los tiempos veterotestamentarios, de acuerdo al contexto histórico y social de las comunidades descritas en las Escrituras, el ser humano vivía bajo una premisa: «O asesinabas, o te asesinaban; o te defendías, o tomaban a tu familia como esclavos (incluyendo el servicio sexual)». Este panorama no era para nada deseable y mucho menos justificable, pero era lo que había. Así mismo se documentaba en los libros y escritos de la época, como el Antiguo Testamento Bíblico.

Es por esta, entre otras razones, que el pueblo se movía en la dinámica de matar, quitar la vida, asesinar, etc. Se hacía, cuando se conquistaban tierras, se hacía en las guerras que defendían territorios o soberanía, se hacía en los tiempos de hambre, cuando la opción era robar del pueblo que contaba con suministros, o morir. Este tipo de situaciones no se presentan en nuestros días, ni en nuestras sociedades.

Yo sé que alguno puede pensar en grupos extremistas religiosos como el ISIS, quienes, justamente, están leyendo su libro antiguo, para reivindicar actos descritos en él, que hacían parte de una sociedad antigua, para aplicarlos al día de hoy. ¿No les parece que se sale de toda lógica?; pues muchas veces es lo mismo que la iglesia evangélica hace en nuestros días.

Más adelante, Jesús se reconoce a sí mismo, como el camino al Padre y  el evangelio de Juan, en el capítulo 1, versículo 18, hace una declaración liberadora. “Nadie ha visto a Dios jamás, el Unigénito hijo, que está en el seno del Padre, él le ha dado a conocer”. ¡Maravilloso!

Es así, como Jesús nos está diciendo que para ver y conocer el verdadero carácter de el Padre, debemos hacerlo a través de la vida del Maestro de Galilea. La cual, encontramos narrada en los evangelios.

La muerte y la guerra están claramente contra argumentadas por el Hijo de Dios en el Sermón del Monte de Mateo 5, o en  Lucas 9:52; o en el relato de la Parábola del Hijo Pródigo, o en todas las palabras del carpintero. Es solo a través de su perspectiva que podemos encontrar que para Jesús la vía armada, la violencia o el asesinato, no están en la agenda de Dios.

Pero no lo leemos, o si lo hacemos, ignoramos completamente al ‘Verbo de Dios’ (Juan 1). Es por eso, que a muchos les queda fácil reírse y festejar la muerte de homosexuales, quienes fueron asesinados en un bar de los Estados Unidos; argumentando que ‘Dios tambien destruyó con fuego a Sodoma y Gomorra’, matándolos a todos. ¡Pero qué lectura más absurda, ignorante y falta de compasión!.

Es tal la maldad, que hasta peyorativamente, en algunos círculos protestantes se dice que el mensaje de amor de Jesús promueve un ‘cristianismo hippie’. ¡Dios nos libre de ser tan insensatos y ridiculizar de esa manera el mensaje de quien es La Palabra de Dios!

Esos mismos no entienden que así como el ISIS asesinó a aquellos homosexuales hoy, mañana pueden hacer lo propio con nosotros, los cristianos, quienes no compartimos su fe; todo, so pretexto de su libro, en el cual, algunos, también insensatos, han leído que se debe exterminar de la faz de la tierra a quienes no abracen la fe en Alá.

Fue Jesús quien elevó el homicidio al hecho de ‘no amar al prójimo’. O sea, no somos homicidas cuando empuñamos un arma, sino cuando odiamos, cuando señalamos el pecado del otro, pero no nos incomoda el propio; porque, tal vez, los nuestros son ‘veniales’. Reproducimos los comportamientos que tanto criticamos de otras creencias.

El nombre de Jehová no fue promovido por Jesús. En últimas, de acuerdo a como lo registra Filipenses 2:9, el nombre del Unigénito hijo de Dios es exaltado a lo sumo y no hay otro nombre como su nombre. Eso lo leemos y lo ignoramos deliberadamente; aunque el significado del nombre de Jesús sea, ‘Dios es mi Salvación’.

En la historia los cristianos han asesinado en nombre de Dios, arguyendo cosas que él no ha dicho. Leyendo supremamente mal las Escrituras, malentendiendo e ignorando al mismo Dios que decimos adorar. Hoy día, tristemente hacemos lo mismo.

Y así, promovemos la guerra, la teología del odio, la que no salva, sino que condena, aquella que es contraria a Jesús. Todo desde nuestros cultos, nuestras canciones, nuestros sermones y liturgias. Por eso, hoy más que nunca se hace necesario que entendamos y sigamos las palabras de Jesucristo, que seamos cristianos y entendamos que no somos ‘Jehovanos’.

Por: David Gaitan
Twitter / @dabycito

 

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