Papá, no seas como el rey David

David y BetsabéEste afamado personaje bíblico, es citado como ejemplo en cientos de púlpitos, libros y publicaciones alrededor del mundo, incluso en términos de moralidad y ética. Es entendible, pues una de las frases que más se recuerda al momento de describirlo, es que este es el hombre “conforme al corazón de Dios”.

Sin embargo, la vida de David está salpicada por un sinnúmero de episodios trágicos y que lejos de ser observados como un ejemplo de vida, pueden más bien considerarse como acciones a no imitar. Por supuesto que el grueso del cristianismo se ha quedado con lo ‘positivo’ del joven de buena apariencia, quien en sus inicios pastoreaba sin contar con el reconocimiento de su padre, quien además derrotó al gigante y  cuando fue ungido soberano, no tomó venganza en contra de su enemigo, el rey en ejercicio, quien procuraba su muerte.

Un héroe que poco a poco fue incrementando su fama, e inspirando canciones populares como “Saúl mató a mil y David a sus diez mil…”; un pastor que defendió sus ovejas mientras luchaba cuerpo a cuerpo en contra del oso y del león, un hombre que se atrevió a insinuar que Dios mismo, quien había dado la ley sobre los holocaustos, realmente no los quería; un gobernador que cantaba y danzaba en público, llegando, al parecer, aún a desnudarse delante del pueblo. Un apasionado por Dios, quien deseó en su corazón construirle casa, pero que no pudo.

Y así comenzó una historia al estilo Hollywood, con un joven y entusiasta emprendedor  que terminó perseguido, con su familia dividida y a expensas del temor y la zozobra. Coronando a su sucesor, el hijo de la mujer con quien había perdido los estribos y producto de su adulterio, cometiendo asesinato.

David fue un pésimo padre; a pesar de su destreza como hombre de guerra y gobierno. Quizá sus ocupaciones dirigiendo la nación le robaron la atención que debía brindar a su primer reino, el de sus propia heredad. Tal vez el comportamiento del afamado Rey de Israel, de la estirpe por medio de la que vendría el salvador, daría visos, a través de su relato, el verdadero carácter de Dios.

Lo usual ha sido señalar a Absalón como un rebelde contra su padre, el cual merece todo el desprecio por la deshonra; sin embargo, una lectura detenida de 2 Samuel, capítulos 12 al 18; mostraría que el desinterés del Rey por atender la demanda justa de su hijo, desencadenó, incluso la muerte de este último. Toda acción tiene una causa.

Así mismo, se suele desde los púlpitos culpar a los ‘rebeldes’ que dividen las iglesias, se predica a Absalón como ejemplo deshonroso de esto; pero se ignora el malvado proceder de su padre. Que bueno sería que de vez en cuando los líderes religiosos y autoridades eclesiásticas revisáramos nuestro proceder, tal vez seamos nosotros mismos los artífices de las rebeliones en medio de las comunidades. Eso sería tan honesto, como deseable. Seguramente si los padres revisáramos nuestra relación en el hogar, encontraríamos que los comportamientos de nuestros hijos, aquellos que tanto nos desilusionan, nacieron a causa de los nuestros, los propios.

Pero sigamos con el Rey ‘adorador’ de Israel. Su decisión de cometer adulterio con Betsabé y luego asesinar a su esposo, registrada en 2 de Samuel 11; tiene consecuencias funestas. El profeta, en el capítulo 12 de ese mismo libro declara que en la propia casa de David habrá espada de los unos contra los otros. Vaya. Este hombre llevó a la desgracia a su mismo hogar, evidenciado en el suceso recién mencionado sobre su propio hijo, Absalón.

No. Definitivamente David no es un ejemplo a seguir, y al parecer Dios mismo lo convalida. No solo la casa del guerrero joven valiente fue tocada por sus decisiones; el  reino en sí mismo también. Su hijo Salomón lo entregó a “otros dioses” y consecuentemente, este fue dividido.

Todo el mal que el salmista temía le sobrevino. Pero aún más. El mayor deseo en cuanto a su relación con Dios era construir casa de adoración, pero tampoco pudo. La razón está expresada claramente en 1 Crónicas 22:6-8, “Llamó entonces David a Salomón su hijo, y le mandó que edificase casa al Señor Dios de Israel. Y dijo David a Salomón: Hijo mío, en mi corazón tuve el edificar templo al nombre del Señor mi Dios. Mas vino a mí palabra del Señor, diciendo: Tú has derramado mucha sangre, y has hecho grandes guerras; no edificarás casa a mi nombre, porque has derramado mucha sangre en la tierra delante de mí” .

Así, la vida de este soberano judío se convierte en un recalcitrante ejemplo de lo que no se debe hacer. No se puede desproteger la familia, pretendiendo servir a Dios y esperar que todo salga bien. No se puede abandonar el amor y la responsabilidad con el hogar por ocupaciones eclesiásticas ni religiosas, por más nobles que parezcan. No se puede ser egoísta contra el hermano y prójimo, pretendiendo que esto pasará por alto. No se puede derramar sangre y esperar preparar casa de adoración, al parecer, para Dios hay una gran distancia entre la guerra y la rendición del culto.

Algunos apelan a la descripción bíblica del Rey hebreo “un hombre conforme al corazón de Dios”, para validar el comportamiento de David. Sin embargo, el profesor de idiomas bíblicos y teólogo Héctor Benjamin Oleda, sostiene que esta frase fue expresada en ocasión del momento del ungimiento del Rey, antes de haber actuado como lo hizo durante su vida y reinado. No puede usarse de ninguna manera para convalidar sus acciones.

Esto, como dije anteriormente, habla del carácter de Dios. Lejos de esa imagen obtusa y violenta que se ha forjado, muestra que para el Padre del cielo lo más importante es el amor, el cuidado y la responsabilidad con la familia, con los seres amados, los cercanos. No se puede pretender servir a Dios siendo una mala persona en casa, o deseando para sí mismo y egoístamente el bienestar del prójimo, tomándolo con las propias manos. Estas actitudes no pasarán inadvertidas.

No se puede usar el poder para obtener beneficio propio a expensas de otros, incluso, arriesgando vidas humanas. No se puede ser desleal so pretexto de una condición de “honra” ante el creador.

Por eso Jesús, el hijo de David, vino a mostrar el camino del amor, de la compasión, de la entrega, la vida comunitaria, usó su condición de ‘linaje real’ para corregir las equivocaciones y mostrar cómo debía hacerse. A su manera, a la manera de Dios.

Por: David Gaitan
Twitter / @dabycito

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