¿Maldiciones Generacionales?

maldiciones generacionalesDesde hace un tiempo, es común encontrar personas que se ocupan de ‘romper’ maldiciones que creen están sobre ellos, las cuales no les permiten surgir en la vida, alcanzar objetivos propuestos, dejar de pecar o tener un lugar de servicio. Esta actitud ha sido alimentada por cierta corriente de enseñanza bíblica, la cual sostiene que las maldiciones de los padres se heredan a los hijos y a los nietos hasta la cuarta generación.

Según esta visión, los errores cometidos estarán directamente sobre los hijos, impidiéndoles surgir, teniéndolos en pobreza, enfermedad, ruina, dolor, tristeza, y unos tantos etcéteras. La solución a esta condición, suelen ser oraciones ‘efectivas’, tiempos de liberación o exorcismo, intercesión, declaración de ‘decretos’ y ‘contradecretos’, entre otros.

Al ver este tipo de cosas, recuerdo las palabras de Jesús cuando dijo, “si ustedes permanecen en mi palabra, serán verdaderamente mis discípulos; y conocerán la verdad y la verdad los hará libres” Juan 8:31.  Para el Carpintero de Galilea era de suma importancia vivir en libertad y entonces traer libertad como consecuencia.

Uno de los errores comunes en los que se suele caer desde diversas expresiones teológicas, incluyendo al pentecostalismo y a los reformados; es sacar textos bíblicos de su contexto. Pero no sólo del capítulo o del libro (literario), sino del histórico, cultural, social; pero el más importante, el mensaje global de toda la Escritura.

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Considerando lo anterior, es posible concluir que no hay tales maldiciones; pues de existir, se convierten en la excusa perfecta para culpar a agentes externos de las deficiencias, pecados y errores propios. Es hora de enfrentarse a sí mismo y vencer aquellas cosas que nos alejan del propósito de Dios, expresado en la persona de Jesús.

En otras palabras, la doctrina de las maldiciones generacionales se basa generalmente en Éxodo 20:5,6; 34:6,7; Números 14:18; y Deuteronomio 5:9,10; donde se reseña que Dios visitará la maldad de los padres hacia los hijos hasta la cuarta generación.Cuando uno se acerca a este tipo de textos del Antiguo Testamento, debe considerar el objeto de los mismos y el momento histórico que estaba viviendo la tribu a la que estaban dirigidos.

En la comunidad judía patriarcal, cualquier decisión que tomara el padre (líder natural del clan), repercutiría en todos aquellos que pertenecían a su familia. Esto, lejos de relacionarse con algún tipo de consecuencia mística o ‘espiritual’, les tocaba en su quehacer diario, en su desarrollo como comunidad.

Para ilustrar esto, podríamos crear un escenario hipotético en donde un hombre cabeza de familia pecaba, y como consecuencia recibía castigo por lo que había hecho; muriendo, por ejemplo, apedreado por haber sido sorprendido en el acto del adulterio (Levítico 20:10). Esa familia quedaba ahora desprotegida dentro de la tribu, a expensas de que el hermano siguiente desposara a la viuda y asumiera la manutención de los huérfanos y demás. Una decisión que afectaría a varias de sus generaciones.

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Es entonces desconcertante que al día de hoy esos textos se usen para darle una connotación mística, sobre todo cuando hay unos tantos más que revelan el carácter de Dios al respecto, como en Deuteronomio 24:16 “Los padres no morirán por los hijos, ni los hijos por los padres; cada uno morirá por su pecado”; inclusive, el tono de los versículos siguientes a donde hace referencia a la maldición de los padres hacia los hijos, donde señala: “y que hago misericordia a millares, a los que me aman y guardan mis mandamientos” Deuteronomio 5:10; aquí se evidencia claramente que el deseo de Dios es la misericordia.

Pero también Pablo da luces claras sobre lo que pasa cuando estamos en Cristo; esto es, que no hay maldiciones que puedan hacernos daño. “Y a vosotros, estando muertos en pecados y en la incircuncisión de vuestra carne, os dio vida juntamente con él, perdonándoos todos los pecados, anulando el acta de los decretos que había contra nosotros, que nos era contraria, quitándola de en medio y clavándola en la cruz, y despojando a los principados y a las potestades, los exhibió públicamente, triunfando sobre ellos en la cruz” Colosenses 2:13-15.; otro texto que se ha leído desde el misticismo, pero que tiene una gran riqueza exegética sobre la labor de la cruz.

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Sin embargo, la actitud de Jesús da muestras claras que para él, tales maldiciones no operan en las personas. “Al pasar Jesús, vio a un hombre ciego de nacimiento. Y le preguntaron sus discípulos, diciendo: Rabí, ¿quién pecó, éste o sus padres, para que haya nacido ciego?; Respondió Jesús: No es que pecó éste, ni sus padres, sino para que las obras de Dios se manifiesten en él” Juan 9:1-3. 

Así las cosas, más que preocuparnos por las maldiciones y pecados que nuestros padres nos hubiesen podido heredar, y por las cuales estamos como estamos; deberíamos ocuparnos en los pecados propios, muchos de los cuales, por supuesto, aprendimos de las generaciones que nos precedieron, pero que nos hacen daño a nosotros mismos y a quienes nos rodean. Pero que repetimos vez tras vez.

En lugar de gastar mucho tiempo en rezos, oraciones, decretos y repeticiones; bien podríamos concentrarnos en desarrollar el dominio propio, sacando de nuestras vidas las ofensas, el lenguaje agresivo, el odio, el rencor y la falta de perdón que nos llevan a herir a nuestro hermano, a no amarlo, a desobedecer a Dios cuando hacemos lo propio con nuestros padres.

En vez de asistir a grandes reuniones y decretar en contra de la ruina y la pobreza, podríamos alinear los esfuerzos a emprender nuevos negocios, buscar estudiar una carrera universitaria, tecnóloga, o técnica; levantarnos una hora más temprano en la mañana y acostarnos una más tarde en la noche para aprovechar el tiempo leyendo, estudiando, aprendiendo a desarrollar habilidades que nos permitan generar ingresos económicos extras; crear disciplinas de estudio, asistir a ruedas de negocios, etc.

Si entendemos y vivimos las palabras de Jesús, podremos obtener de su vida en abundancia; no hace falta temer a lo que otros dicen de nosotros, no debemos permitir que el miedo nos acobarde, ni que ningún sistema religioso, político o económico nos oprima a tal punto de matarnos en vida. Hagamos lo que tenemos que hacer, que Dios hará lo que él va a hacer.

Para quienes viven una enfermedad y creen que es a causa de maldiciones generacionales, recomiendo leer este artículo: Cuando Dios decide no hacer un milagro….

Por: David A. Gaitan
Twitter / @dabycito

 

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