¿Tiene el Evangelio también un mensaje político?

politica-y-religionGran revuelo causa en diferentes escenarios ver a pastores de importantes congregaciones invitar a candidatos políticos a la iglesia en épocas electorales para orar por ellos, guiarlos en la oración de fe, bendecirlos, e incluso manifestarles su respaldo en la contienda electoral de turno, adjudicándoles el voto de la grey.

Argumentos a favor y en contra de este tipo de acciones despiertan las más acaloradas discusiones, generando interrogantes sobre la pertinencia de mezclar política y religión, brindar apoyos proselitistas, e incluso, entender el poder de la iglesia frente a los grandes partidos  y líderes gubernamentales.

Es entonces cuando se debe mirar hacia el Evangelio y hacia Jesús, para intentar tener un referente sobre el comportamiento del Carpintero de Galilea al respecto y cómo sus enseñanzas fueron seguidas por la iglesia primitiva descrita en el libro de los Hechos de los Apóstoles.

Lea aquí: ¿Cómo se debe leer la Biblia?

Para tener un primer acercamiento, quisiera presentar el aporte del teólogo y pastor César Soto, quien en una disertación en el marco de la Semana Santa, hace referencia a la famosa frase “Al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios”, la cual se ha entendido como el permiso de Jesús para encargarse de asuntos políticos, siempre y cuando estos no tengan una repercusión en el desarrollo de la vida de la iglesia. Sin embargo, la pluma de este pastor chileno, nos brinda una explicación divergente.


Se presentan unos fariseos y unos partidarios de Herodes, enviados por las autoridades. En medio de adulaciones llegan a la pregunta que han diseñado para probar a Jesús. Al parecer han aprendido de la estrategia de proponer una pregunta que tenga dos opciones y que en estas, el Maestro salga perjudicado.

“-¿Está bien que paguemos impuestos al emperador de Roma?”

Si responde que “no”, será acusado de sedición (que lo llevarán incluso a la muerte) y si responde que “sí”, la multitud reaccionará en su contra (lo que los religiosos quieren, pues iría en detrimento de su imagen como Mesías). El tema de los impuestos a Roma era bastante sensible, era una opresión y empobrecimiento constantes para los judíos y eran las autoridades locales las que funcionaban como recolectoras de estos impuestos.

La claridad de Jesús es asombrosa, -“Tráiganme una de las monedas que se usan para pagar el impuesto.” Los mismos que le tienden la trampa caen en ella, ellos le proveen de la moneda, un denario, Él ahora pregunta -“¿De quién es la imagen que está grabada en la moneda?” la respuesta de ellos es -“del César”. Los religiosos aún no lo saben, pero siguen cayendo en su propia trampa.

En la época existían dos tipos de monedas, unas que no contemplaban ninguna representación pictórica, ni animal ni humana. Esto por la prohibición de no hacerse de ningún tipo de imágenes (Ex.20:4). Las otras monedas eran las acuñadas por el imperio, no sólo tenían la imagen del César, además tenían declaraciones de su divinidad y el estandarte romano. Los judíos evitarían tener cualquier tipo de contacto con una moneda así, sería como cargar la idolatría en su bolsa!

Jesús pide la moneda y pregunta por la imagen en ella. La respuesta deja a toda la muchedumbre escandalizada, al responder han confesado de parte de quién están sus lealtades. Antes que Jesús realmente responda, el round ha sido ganado.

No obstante el Maestro sí da una respuesta:

-“Dad a César lo que es de César y a Dios lo que es de Dios.”

De alguna forma está diciendo “si esta es la imagen de César, devuélvanle lo que es suyo.” Pero esto provoca en la mente una serie de otras preguntas: ¿Qué le pertenece a César? ¿Qué le pertenece a Dios?”. Para los judíos a Dios le pertenece todo (Sal. 24:1) la viña pertenece a Dios y no a aquellos que la explotan. Por lo tanto, ¿qué le pertenece a César?, nada.


Esta magistral explicación nos llevaría a concluir que los intereses políticos y económicos de los religiosos estaban del lado del imperio, impulsándolos a abandonar la solidaridad con su propio pueblo. Es entonces cuando el Galileo los invita a dejar de lado esa posición, o de lo contrario, a jurar lealtad a Roma de una vez por todas y abiertamente. Todo un discurso político, sin lugar a dudas.

Así que tanto a Jesús, como a la iglesia de los primeros días se los ve teniendo posiciones políticas, más claramente, haciendo política. Sin embargo, esto debe ser entendido como una política de la base, en la que no se hacen asociaciones con el sistema de gobierno de la época, ni se encuban pactos oficiales, ni se enajenan votos, ni se hace proselitismo o campañas desde el púlpito. No. Lo que se hace es, repito, desde la base.

El más grande ejemplo de esto se encuentra en la iglesia de Jerusalen; en medio de lo que ocurrió en ella, lo cual se narra en el libro de los Hechos en los capítulos 2 y 3. Allí se describe cómo todos vendían lo que tenían y lo daban a los podres, de manera que no había necesidad.

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Este resultaría ser el ejercicio político más grande por naturaleza, en donde la iglesia procuraba el bien de todos, sirviéndoles. Es interesante porque este comportamiento se convirtió en una especie de resistencia en contra del imperio, el cual estaba empobreciendo, esclavizando y deprimiendo con altos impuestos y cargas burocráticas insoportables.

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Un maravilloso ejercicio político desde la base, no desde los cargos de poder del mundo. Lamentablemente la iglesia de hoy no ha entendido el poder del Evangelio en este tema, pues si lo hubiera hecho, en vez de crear pactos con políticos corruptos de las maquinarias de siempre, estaría haciendo una revolución cristiana y social desde, con y para el pueblo, los pobres, los necesitados, los hijos de Dios.

Este no es un llamado a los cristianos para aislarse de su responsabilidad frente a su nación para desarrollar el derecho y deber del voto; el cual se debe ejercer sin ningún tipo de manipulación ni coacción física o psicológica.

Por: David A Gaitan
Twitter / @dabycito

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