Serie: Soy un excelente cristiano, pero un pésimo trabajador

Portrait of Engineer

En la tercera entrega de esta serie, quise enfocarme un poco en el asunto del rol productivo que todos los seres humanos tenemos, indistintamente si somos cristianos o no. En las pasadas ediciones, el común denominador concluyente fue entender que por el hecho de ser cristianos, no podemos hacer alarde de una especie de superioridad moral, sino que debemos siempre procurar el fruto del Espíritu Santo, descrito en Gálatas 5: 22-23.

Lea aqui: Soy un excelente cristiano, pero un pésimo jefe  y  Soy un excelente cristiano, pero también ´mala gente´

El tema del trabajo tiende a ser bastante sensible por las implicaciones de este en medio de sociedades neoliberales, las cuales en su mayoría han abrazado el consumismo como ideario dentro del desarrollo del ejercicio económico. Sin embargo, bien cabe diferenciar al trabajo, del empleo; queriéndo en todo caso, referirme al primero en el desarrollo del presente documento.

Al parecer algunos tienen cierta pugna interna al momento de enfrentarse al trabajo. Una de las primeras connotaciones negativas de este, es justamente luego de la lectura del relato del Génesis 3:19 “Te ganarás el pan con el sudor de tu frente, hasta que vuelvas a la misma tierra de la cual fuiste sacado. Porque polvo eres, y al polvo volverás” NVI.

Y así como dice la canción “…Porque el trabajo lo hizo Dios como un castigo”, muchos ven en las actividades laborales un enemigo que les quita la paz, la alegría y el ánimo. Prueba de esto son las expresiones sobre lo terrible que pueda resultar el día lunes y lo maravilloso del viernes, situación que ha inspirado cientos de memes y chistes virtuales, los cuales se trasladan incluso al mundo real.

Sin embargo, lo cierto es que en la vida, para poder tener recursos se debe trabajar, esforzarse, prepararse y asumir una actitud diligente ante ella. Hay varios ejemplos bíblicos que animan al creyente a ver en el trabajo una oportunidad de progreso y bendición. El clásico se encuentra en el libro de Proverbios, capítulo 6, versos del 6 al 8. Aquí, el autor usa de ejemplo a la hormiga, un animal diligente que prepara su alimentación durante varias estaciones para la llegada del invierno. Todo, mientras hace el llamado para que el lector no sea un perezoso.

Este llamado se extiende un poco en el mismo libro, pero esta vez en el capítulo 13: 4 El perezoso desea y nada alcanza, mas los diligentes serán prosperados” y añade en el versículo  23, En el barbecho de los pobres hay mucho pan, pero se pierde por falta de justicia”. Es interesante todo el capítulo, pues hace reflexiones sobre la justicia, la bondad, la diligencia y la prosperidad asociada a ellas.

Desgraciadamente muchas instituciones religiosas han adjudicado la bendición y prosperidad económica exclusivamente a prácticas como el diezmo, la ofrenda, primicias, pactos y demás actividades orientadas a dar dinero a la iglesia. Sin embargo, así mismo mucha  decepción se percibe en medio de personas que pese a cumplir estos preceptos, no ven mejoría en sus finanzas.

Lea aquí: Del diezmo y el dar bíblico

En su libro “Libertad Financiera“, el pastor colombiano Edwin Castro llega a una interesante conclusión, la cual manifiesta que si la prosperidad económica no ha llegado a muchas personas, no es necesariamente porque no diezmen, sino por sus pésimos hábitos financieros y por la falta de diligencia frente al trabajo.

A esta declaración hay que agregar irremediablemente que en muchos casos, también la misma sociedad desigual e injusta, ha empujado a muchos a la pobreza, mientras que a otros les ha permitido acumular riquezas que a la final no sirven a nadie, sino que se amontonan en cuentas bancarias y alimentan el ego de quienes las poseen.

Y fue justamente esa sociedad la que Jesús vino a denunciar y combatir, la cual se enseñorea de los oprimidos y da más poder a los malvados egoístas. Fue la que el Maestro de Galilea reconoció como mundo y la que evidenció cuando recomendó al joven rico vender todas sus posesiones para dar a los pobres.

Lea aquí: ¿Qué es el mundo? – Exégesis 

Así mismo, la iglesia primitiva de Jerusalen encontró la manera de seguir las enseñanzas del Carpintero, logrando construir una comunidad que a través del amor, hizo frente al imperio opresor. Lea aquí más información.

Sin embargo, esto no debería ser excusa para que el cristiano no tenga una actitud diligente frente al trabajo. Ser buenos en esto no solo traerá recompensa económica, reconocimiento e incluso auto superación, sino que además permitirá dar un buen testimonio de Jesús.

Es triste ver cómo en ciertas ocasiones algunos han “espiritualizado” tanto su vida, que aún siendo empleados exigen a su empresa espacios y tiempo dentro del horario laboral para poder hacer oraciones, reuniones, cultos y evangelismo a compañeros, alegando el principio de “libertad religiosa”. Pues el horario laboral debería ser dedicado a trabajar y no a orar, si se quieren hacer estas actividades, podrían realizarse en horarios extras. Es lo justo, máximo en medio de entidades públicas.

Ser un excelente cristiano, pero un pésimo trabajador es una contradicción. El hijo de Dios debería aspirar siempre a ser el mejor en lo que hace, no con el ánimo de competir con otros, sino de superarse a sí mismo. Por lo menos en palabras del Apóstol Pablo en 2 Tesalonicenses capítulo 3, verso 6 en adelante, manifiesta que el trabajo debería ser honra, incluso para el ministro religioso.

Ahora, todo tiene su límite y no se puede desconocer el carácter social tanto de las Escrituras, como de Jesús frente al trabajo. En el Antiguo Testamento, por ejemplo, uno de los objetos del Día de Reposo es que los siervos (esclavos) también tengan un descanso, lo que denota el deseo Bíblico por el bienestar de estos, a pesar de su condición.

Finalmente, sí que sería deseable que el creyente aspire a dejar de ser empleado para que pueda emprender y trabajar orientado a sus propios sueños y deseos, convirtiéndose en una persona que bendiga y crezca cada vez más y más, para así dejar de trabajar para otros, en detrimento de sí mismo.

Hace unas semanas atrás escuché una disertación de un famoso conferencista Japonés- Colombiano, quien contó la siguiente historia (parafraseo).


“Había un gran empresario que hizo una convocatoria para contratar a alguien que hiciera parte de su equipo más cercano.

-Yo tengo una carrera universitaria, además de una especialización y he trabajado en grandes compañías – Manifestó el primer candidato al puesto, muy orgulloso y enseñando su hoja de vida al dueño de la empresa.

-Wow. Estoy impresionado – respondió el entrevistador,- Sin embargo le agradezco por su tiempo y haber atendido esta convocatoria, no es lo que estoy buscando, ya tengo varias personas así en mi equipo- continuó.

-Bueno, me presento. He estudiado dos carreras, tengo una maestría y soy candidato a Doctor de una universidad internacional – Dijo el segundo candidato.- Mi experiencia se extiende a grandes proyectos gubernamentales dentro y fuera del país, además, en el sector privado me desenvuelvo muy bien – Concluyó.

-No puedo estar más que agradecido con usted por venir a esta convocatoria,- Le respondió el empresario; – Sin embargo, no es su perfil el que busco. Por favor discúlpeme por el tiempo que ha invertido el día de hoy.

-Después de ver a mis dos antecesores, la verdad no sé si usted quiera considerar mi nombre para el cargo – Manifestó el tercer candidato algo intimidado. -Aquí está mi hoja de vida, – Prosiguió.

-Me llama la atención lo que me dice, y a decir verdad no quiero ver su carpeta; más bien por qué por favor no me responde a una pregunta – Le dijo el presidente de la compañía al asustado hombre; – ¿Qué sabe hacer usted? – Le dijo mientras lo miraba a los ojos.

-Pues a decir verdad yo lo que sé hacer es caso, obedecer. – Respondió el aspirante.

-¡Magnífico!- Exclamó el entrevistador – Usted es la persona que yo necesito. En mi equipo tengo grandes profesionales y expertos, pero no tienen en cuenta mis palabras y no me hacen caso, usted vale oro, ¡Contratado!


Al decir verdad cuando escuché esta historia me indigné; sobre todo por el mensaje que se estaba dando con ella. Si bien es cierto que la obediencia es un valor importante, también es cierto que las grandes compañías cada vez más valoran lo que los empleados les puedan aportar en ideas, innovación y conocimiento.

El mensaje que transmiten este tipo de historias tienen un efecto devastador en quienes las oyen y las aceptan, pues se está atacando directamente la autoestima de la persona, su capacidad de análisis, cuestionamiento y razonamiento propios.

Pero más tristeza experimenté cuando la escuché en boca de un también famoso predicador. Es curioso que se usen estos relatos para tener a las personas adormecidas, obedeciendo órdenes sin cuestionarlas, coartando así la creatividad. Y no me refiero a la anarquía dentro de las compañías como un valor a desarrollar, por supuesto que no, pero sí, tanto el empleado como el trabajador deberán esforzarse en estudiar más, mejorar sus hábitos disciplinarios, trabajar mejor, proponer ideas, aportarle a la empresa o a su negocio personal, innovar y crecer como personas.

Esto no debería ir en contravía del deber del empleado de obedecer a sus jefes y respetarlos, pues al final del día todos son del mismo equipo. Mientras tanto, la iglesia debe seguir luchando por la justicia social, la equidad, crear comunidades que vivan la igualdad social y a través del amor, combatan al príncipe de este mundo.

Por: David A Gaitan
Twitter / @dabycito

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