La iglesia que soñó Jesús – Parte 2

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Imagen: LCC – @NakedPastor

En la entrega anterior de esta mini serie, propuse dos escenarios para re-pensar la iglesia desde un acercamiento teológico, teniendo como base al Jesús histórico, las acciones de la iglesia primitiva, algunas decisiones de los primeros apóstoles y las cartas apostólicas.

En primer lugar, es pertinente aceptar que la iglesia no debería construirse sobre un gobierno jerárquico autoritario compuesto por hombres, pues es Cristo la cabeza. En segundo lugar, la iglesia, más que individuos es una comunidad, la cual debería recordar cómo vivir de esta manera. Habiendo recordado esto, quisiera entonces proponer los siguientes dos escenarios para concluir con el tema.

Lea aquí: La iglesia que soñó Jesús – Parte 1

3. La iglesia da gloria a Dios

Sin duda alguna, el culto es una piedra básica en medio de la estructura y razón de ser eclesiásticos. La reunión de los hermanos genera un espacio para poder tener conexión con Dios a través de las reflexiones teológicas y la contemplación. Los cánticos, himnos, oraciones, lectura de los salmos, comunión y demás momentos litúrgicos, crean una conexión espiritual, la cual facilita herramientas para dar gloria a Dios a través de las expresiones anteriormente enunciadas.

Sin embargo, más allá de estos elementos imprescindibles, se encuentra el llamado de atención que hace el mismo Jesús a través de un relato sorprendente, en donde advierte que el Hijo del Hombre regresará a juzgar. Los detalles de este juicio son ciertamente atractivos y dan luces sobre la expectativa del Maestro en cuanto al comportamiento de los seres humanos. Este lo encontramos en Mateo 25:31-46.

Me resulta imposible evitar reír cuando recuerdo que en más de una oportunidad he escuchado a flamantes predicadores decir desde este texto, que los de la izquierda (refiriéndose frontalmente a la postura política) serán condenados por Dios en el día del juicio. Esto lo sustentan basándose en el versículo 41; “Entonces dirá también a los de la izquierda: Apartaos de mí, malditos, al fuego eterno preparado para el diablo y sus ángeles”, ignorando completamente el contexto, el cual es absolutamente contrario a sus pretensiones.

Porque es justamente en toda esta porción de las Escrituras, que Jesús claramente invita a los hombres bondadosos, a los que ha ubicado en la derecha (sí, yo sé; toda una ironía en nuestros tiempos); a que evidencien dicha bondad a través de la ayuda a quien lo necesita, al sediento, al hambriento, el desnudo, el pobre.

¿Y quién más que la iglesia para encargarse de ellos tal como el Carpintero lo hizo, si es esta su cuerpo en la tierra? Por eso se da gloria a Dios a través de la bondad, la misericordia, el ser compasivos. La iglesia debería entonces convertirse en un manantial de agua y un proveedor de pan.

Pero esta no es la única respuesta que la iglesia relevante debe dar. También es menester brindar consuelo al desconsolado, compañía al solitario, apoyo al desahuciado. Hay matrimonios que se están quebrando y necesitan ayuda, hay jóvenes que se suicidan, dejando familias devastadas, hay niños que están siendo abusados física, sexual y espiritualmente. ¿Qué acciones estamos orientando a ellos?, cuando lamentablemente incluso muchos pastores desprecian el valor de los psicólogos en el quehacer de fe.

Aunque no se trata solamente de trasladarle a los miembros individuos de la comunidad esta responsabilidad, una vez que estos hayan aportado sus diezmos y ofrendas; no. Se hace necesario que la misma iglesia como organización de ejemplo de inversión en programas, estrategias, acciones misionales que nos lleven a una praxis de las teorías teológicas y la compasión que le aprendimos al Maestro. De otro modo es letra muerta.

Es muy fácil que el pastor le diga a sus feligreses que deben ser compasivos, cuando la iglesia no lo está haciendo primero con sus miembros, con los de su casa, y después con todo ser humano en necesidad. Más allá de dar clases de escuela dominical a los infantes desde la historia de Jonás y el grande pez, es pertinente que haya programas de asignación de becas escolares a quienes dentro de la comunidad no tienen acceso a la educación básica o media; incluso, profesional.

Entonces la iglesia habrá entendido el significado del “traer el reino de Dios a la tierra”, aquella nueva Jerusalén que el profeta vio descender del cielo en el Apocalipsis.

El libro de los Hechos, en su capítulo 2 y versículo 43 nos da un claro ejemplo de ello; incluso el llamado de atención en Santiago 1:27 nos advierte sobre lo mismo. Una y otra vez, una iglesia relevante, que hace política desde la base, que no se tranza con los poderosos de este mundo, ni les sirve; sino que crea soluciones.

Lea aquí: Cristianismo y política

La iglesia de Cristo da gloria a Dios cuando escucha las murmuraciones, como en Hechos 6:1-7, en vez de censurar y sembrar terror en medio de aquellos que se atreven a ver y expresar cuando las cosas no marchan bien. Una iglesia que en vez de reprimir, genera soluciones y mantiene la paz en medio de los hermanos mientras desarrolla su misión.

Y ojo, esto no es una apología a sistema económico alguno. Dar gloria a Dios no se trata de afiliar la iglesia comunismo, ni marxismo; no. Debemos aprender del pasado y reconocer que estos sistemas en el mundo sencillamente no funcionaron. Y no lo hicieron porque sus principios fueron opresores, restrictivos, impuestos, autoritarios, por obligación. Pero el Espíritu Santo sí puede convencer al hombre a compartir, a ser compasivo, generoso, a dar de lo que tiene. Como decenas de versículos del consejo bíblico.

Lea aquí: Cuando la utopía les devolvió la esperanza

Tampoco se trata de caer en los encantos del consumismo desmedido, del neoliberalismo que procura el bien propio a expensas del hermano, ese que alimenta la envidia y egoísmo. Definitivamente el Evangelio de Cristo es contrario a eso, a acumular riquezas mientras otros mueren de hambre. A la avaricia sin fin que reina en nuestras sociedades contemporáneas.

Por eso se debe construir una iglesia que ayuda al necesitado mientras le da herramientas para convertirse en un creador de comunidad y alguien que aporte a su construcción; como miembro del cuerpo, como amado que ha aprendido a dar amor también.

La iglesia da gloria a Dios cuando sigue el ejemplo restaurador de Jesús con la mujer, o cuando tocó a los leprosos, e incluso cuando usó de ejemplo en su discurso a los samaritanos; esos vecinos indeseables para su auditorio. ¿Cuáles son nuestros samaritanos hoy?.

4. La iglesia tiene una función profética

Quizá muchos de los lectores estarán de acuerdo con esta afirmación, pero lo hacen desde un entendimiento de lo profético, un tanto místico. Así que permítanme por favor decir que la profecía no debería ser asociada con una especie de adivinación sobre el futuro.

Los profetas en la Biblia fueron hombres y mujeres que se levantaron para anunciar las buenas noticias mientras denunciaban lo que estaba mal en el mundo. Ellos hicieron duras críticas contra los sistemas, abusos, represión e injusticias.

Hoy no quedan muchos profetas, pues es más fácil hacer acuerdos con los poderosos para abrirse campo en la agenda del devenir ministerial; que denunciar sus atrocidades y acciones en detrimento de quienes Jesús defendió. Y es que el Maestro de Galilea fue el más grande profeta de su tiempo y de todos los tiempos. Por eso lo asesinaron, joven. Porque como dice Ulises Oyarzún, los profetas mueren jóvenes.

Y lo hacen porque sus palabras son impertinentes, piedras en el zapato, tenaces, drásticas, verdaderas. Jesús lo hizo a través de toda su vida, en cada acto de amor, en cada discurso, durante su propia tentación en el desierto. Pero uno de los ejemplos más claros de esto lo encontramos en Mateo 23. Su voz todavía se escucha en medio de los corazones que se atreven a leer más allá de lo que les dicta el sistema religioso que hagan.

Por eso la iglesia debe recuperar su rol profético en nuestros días, denunciando la corrupción de los gobiernos, el abuso de poder dentro de las mismas instituciones religiosas, combatir la ignorancia y los autoritarismos; y aunque esto no es tan glamuroso como decirle a las personas lo que les va a pasar dentro de un tiempo, es la verdadera actitud que soñó el Hijo de Dios.

La iglesia es la expresión de Cristo en la tierra, pero la hemos convertido en cueva de ladrones, nuestro trabajo se ha limitado a la comodidad y ambición del proselitismo, el cual nos permite ganar muchos adeptos para explotarlos y someterlos a ideales y dogmas, los cuales lejos de traer la libertad que prometió el Galileo, está imponiendo cadenas de esclavitud.

¿Estamos construyendo entonces la iglesia que Jesús soñó?

Por: David A. Gaitán
Twitter / @dabycito

 

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