Discutimos mucho en pareja y eso está matando nuestra relación

peleas-parejaUnas de las cosas que más nos acompañan en la vida de pareja, pero de las que menos somos conscientes, son las discusiones. Y esto tiene una explicación muy sencilla, somos personas diferentes. Cada una con pensamientos diferentes, perspectivas diferentes, constructos diferentes, sueños diferentes, sentimientos diferentes; en resumen, diferentes.

Hace algún tiempo escuché al psicólogo y terapeuta cristiano Juan Eduardo Rodríguez, hacer la siguiente invitación. Él decía, Si vamos a pelear o discutir toda la vida en pareja, pues aprendamos a hacerlo bien. Una de las oraciones más sensatas que he escuchado en toda mi vida.

Creo que de los errores más agudos que durante mucho tiempo hemos cometido, es ignorar que las discusiones hacen parte de la vida saludable de pareja, y que son ellas las que muchas veces nos hacen reflexionar, meditar y caer en cuenta sobre cosas que no habíamos notado, tanto de nosotros, como de nuestro cónyuge.  No hay que suprimir las discusiones o evitarlas, pues estas son un monstruo que crece mientras se alimenta del silencio, y cuando explota, puede causar severos daños cuando es demasiado tarde.

Causas de esto hay varias, y resultaría un tanto dispendioso mencionarlas todas, e incluso algunas de ellas. Sin embargo, se hace necesario reconocer que una de las más importantes es la que aprendimos en el seminario de parejas, la cual nos dicta que la mujer debe someterse al marido en todo, y por consecuencia, es el hombre quien tiene la última palabra. Entonces los diálogos en pareja terminan en un “sujétese, yo soy la cabeza de esta casa”.

Lea aquí: ¿La mujer debe sujetarse al marido?, Otra perspectiva

Pero si así como dialogamos, muchas veces vamos a discutir; bien valdría la pena hacer caso al consejo del Doctor Rodriguez y aprender a hacerlo con altura, amor, respeto y sensatez. Este último aspecto es indispensable  e innegociable.

Escuchemos para entender, no para responder

Una de las prácticas en las que caemos más fácilmente al momento de discutir, es que no buscamos entender lo que el otro nos quiere decir; sino que estamos allí sólo para responder a lo que nos está argumentando. Las Escrituras nos recomiendan en Santiago 1:9 lo siguiente, “Mis amados hermanos, quiero que entiendan lo siguiente: todos ustedes deben ser rápidos para escuchar, lentos para hablar y lentos para enojarse”. NTV

La base de todo buen entendimiento es el díalogo, y seguir la recomendación bíblica antes mencionada, nos dará herramientas para entender los porqués de nuestro cónyuge en medio de una discusión. Aunque parezca mentira, muchas veces las cosas no son lo que parecen y es más fácil asumir cosas, que preguntar.

Por eso es que el primer paso es escuchar para entender, de esta manera descubriremos qué piensa el otro, por qué actuó de la manera que lo hizo y cuáles fueron sus motivaciones. Si logramos aplicar este punto, habremos ganado todo.

Hablemos para explicar, no para ganar

Cuando los dos individuos de la pareja se comprometen a escuchar con el propósito de entender; como consecuencia, el segundo compromiso será hablar para explicar y no para ganar la discusión. Así como debemos ser conscientes que las discusiones siempre estarán presentes en nuestra relación de pareja, conviene saber que nadie va ganar una discusión, por lo tanto no debería ser ese nuestro objetivo en medio de ellas.

El amor es el negarse a sí mismo por el otro, y en una relación de pareja no se debiera pretender construir el bien propio; ni siquiera el bien del cónyuge, sino el bien común. Esto puede sonar extraño en primera instancia, pero en términos de justicia y equidad matrimonial, ambos son igual de importantes y deben también valorar al otro, así como comprometerse en la relación.

Cuando sacamos de la ecuación el hecho de “ganar la discusión”, nos resulta más fácil poder hablar para explicar, poniéndonos en la posición del otro y esforzándonos para que este pueda entender. Tomemos el tiempo para hablar, construir las ideas, escuchar las preguntas y responderlas; siempre con la verdad.

Concentrémonos en discutir sobre una cosa a la vez

Generalmente cuando discutimos con alguien, tendemos a hacer una especie de contextualización, trayendo sobre la mesa temas del pasado u otros asuntos que no son objeto del diálogo en ese momento. Es por eso que se hace indispensable que no se desvíe el tema por el cual estamos discutiendo.

Por ejemplo, si la discusión se tornó porque llegamos tarde a una cita debido a que uno de los cónyuges demoró mucho arreglándose, es menester hablar de eso y sólo de eso. No hay que hablar de aquella vez en que también se demoró en el año 1950, tampoco buscar distraer la conversación hacia cómo el otro cónyuge también se ha demorado en diversas oportunidades.

Este tipo de prácticas ayudarán a que podamos de alguna manera “individualizar” los hechos y las situaciones, siendo objetivos en el reclamo de aquellas cosas que en un momento determinado nos molestaron de nuestra pareja. Esto nos lleva al siguiente punto. Si se necesita hablar de otro tema, debemos buscar otro espacio para hacerlo.

No ataquemos a nuestro cónyuge, ataquemos (o discutamos) el hecho

El individualizar las situaciones nos ayudará a no adjetivizar a nuestra pareja. Esto quiere decir que no debemos caer en insultos hacia la persona, sino manifestar la frustración que tenemos frente a sus comportamientos. Por ejemplo, si el motivo de discusión es que nos han mentido, debemos hablar sobre el hecho concreto de dicho episodio y en ningún momento tratar de “mentiroso” a nuestro cónyuge.

Usualmente cuando menospreciamos al otro en una relación de pareja, estamos atentando directamente contra su autoestima, y de esta manera, no solo lo perjudicamos, sino que también a la relación y por consecuencia, a nosotros mismos.

Que bajo ninguna circunstancia perdamos el respeto a la pareja, así como tampoco nuestra admiración hacia ella, ni nuestra consideración. ante todo es importante considerar que juntos somos humanos y cometemos de igual manera, muchos errores.

Establezcamos reglas claras para los momentos de discusión

Esto ayudará a que la paz reine aún en medio de las discusiones. Sí, aunque parezca paradójico, e incluso utópico; debemos discutir en paz. Es por eso que algunas reglas establecidas de común acuerdo, nos ayudarán en los momentos de efervescencia y calor.

Hay parejas que por ejemplo han establecido que nunca en medio de sus discusiones usarán malas palabras o groserías. Esto, porque a medida que se permiten pasar los límites, pueden llegar fácilmente al irrespeto o a la agresión física. En consecuencia, una regla obligatoria, debería ser no permitir la agresión física en medio de la discusión.

Otros han acordado nunca abandonar la discusión. No importa qué tanto pueda calentarse esta. A algunas personas les resulta una falta de respeto y consideración que su cónyuge literalmente los deje hablando solos.

Pero cada pareja es diferente a otra, por eso es indispensable que se establezcan estas reglas de acuerdo al carácter de los individuos de la misma.

Lleguemos a conclusiones, acuerdos y planes de acción

Una vez que se han escuchado y entendido los argumentos, se hace necesario hablar de las expectativas y planes frente al asunto, para que los motivos de discordia no se vuelvan a repetir.

En toda discusión debemos ser prontos para oir, tardos para hablar y tardos para airarnos. Sin embargo, si llegamos al momento de la ira; una buena discusión nos dará herramientas para no pecar.

Por: David A Gaitán
Twitter / @dabycito

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