Iglesia y niñez: Cuando en vez de servirles, los manipulamos

ninos-adoradoresUno de los retos más grandes que enfrentamos como iglesia hoy día, es la educación cristiana para los más pequeños en medio de nuestras comunidades. Mientras más somos conscientes de la importancia de esta para que sea relevante en una sociedad que demandará mucho más de ellos; más responsables debemos ser al pensar sobre nuestro papel en este aspecto.

Uno de los principios de nuestra comunidad se ha expresado en la frase “Soñamos con una iglesia que prioriza a los niños”. Al respecto, alguien me preguntó sobre qué quería decir esta sentencia en el contexto de la iglesia. Pero su interrogante no era tan sencillo como aparentaba.

Lo formuló desde la angustia de lo vivido en carne propia durante su infancia, al participar activamente en la vida de su iglesia local. Su experiencia no había sido del todo positiva y después de los años, notó que lejos de ser educado en principios cristianos, había sido manipulado, usado, e incluso mal enseñado con respecto a las realidades del mundo.

Su cuestionamiento inevitablemente me llevó a re-pensar sobre qué estamos haciendo como iglesia en el desarrollo de los menores que tenemos a cargo, ¡Vaya responsabilidad!

Y es que el papel de la iglesia debe ir mucho más allá de enseñar las historias de “Jonás y el gran pez”, o “la culebra que tentó a Eva”. Se hace menester que la educación en la Escuela Dominical traiga respuestas relevantes a interrogantes relevantes que se formulan desde la academia nuestros hijos e hijas.

Esto en principio podría ser mucho pedir, cuando ni siquiera la formación teológica y ministerial de muchos pastores y líderes da para tanto. Así que uno de los puntos de partida debería ser el desarrollo de competencias en los mismos ministros que están a cargo de la iglesia general y la infantil.

Para ello, es prioritario desprenderse del temor al conocimiento, la lectura y el estudio serio; tanto de las Escrituras, como de las ciencias, artes, letras, historia y cultura. Debemos ser competentes frente a una generación que cada vez está más expuesta a la información a través del internet y las redes sociales.

Competentes para enseñar; no a creer todo lo que les decimos sin chistar, sino a cuestionar y cuestionarnos, lo que nos retará y provisionará de competencias para aprender también nosotros a responder preguntas difíciles, de esa manera ellos lo harán en su debido momento.

Porque desde nuestra superioridad institucional y de edad, nos hemos limitado muchas veces a llenarles la cabeza y el corazón de dogmas, en su mayoría restrictivos, e incluso alejados del Evangelio, los cuales serán nocivos en su vida adulta. Hasta hemos llegado a manipularles para que llenen los programas de la iglesia con su presencia y participación, todo desde la construcción de una organización, antes que de sus propias vidas.

Es indispensable entonces que la iglesia haga equipo con los padres para ayudar a cuidar y levantar a los niños en diversas áreas de la vida, brindándoles formación, información y ayuda que les darán herramientas para su desarrollo personal y comunitario. Esto es priorizar a los niños.

Un ejemplo de ello, puede ser el involucramiento en la educación sexual de los mismos como arma en contra del abuso sexual infantil. ¿Sabía usted que el menor de edad puede convertirse en su más grande defensor y preventor ante el posible abuso sexual?

Según cifras de la ONU, la mayor cantidad de abusos sexuales y violaciones contra menores son perpetrados por familiares o conocidos. Así mismo, una correcta formación e información sobre la denuncia de actos que no sean considerados “normales” o respetuosos en contra de su integridad sexual, les salvará de un posible episodio.

La iglesia como agente externo tiene gran responsabilidad en poner estas herramientas en conocimiento de sus menores, pues incluso sus padres, o familiares cercanos, quienes puedan ser parte también de la congregación, podrían estar perpetrando este tipo de abusos.

Según una investigación del ministerio argentino “Placeres Perfectos”, al ser cuestionados, muchos adultos cristianos manifestaron haber sido abusados sexualmente en su niñez por miembros de su familia, quienes también compartían la fe cristiana.

Otro ejemplo, puede ser el involucramiento más allá de lo ‘espiritual’ en el desarrollo y formación de los menores. Muchas veces en nuestras comunidades hay familias de escasos recursos que no pueden asegurar una formación profesional a los pequeños; ¿Y si la iglesia desarrolla un programa de becas estudiantiles de alto nivel como un medio de ayuda social?.

Hay muchas ideas y escenarios para desarrollar una pastoral que transforme las vidas de nuestros niños y niñas; mismos que nos llevarán a cumplir el propósito de Dios en nuestras comunidades y entonces nos darán la voz para decir que hemos priorizado los niños.

Por: David A. Gaitan
Twitter / @dabycito

 

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