Sí, eran magos. Sí, eran astrólogos

reyes-magosUno de los episodios bíblicos más llenos de misterios e interpretaciones, es el relato en el Evangelio de Mateo, capítulo 2; en el que unos hombres sabios de oriente vinieron en busca del nuevo Salvador de Israel para rendirle honra.

Una verdadera obra literaria que ha dado para especulaciones. Desde la cantidad de aquellos hombres (algunos se atreven a decir que eran tres), hasta los nombres de dichos reyes (¿Melchor, Baltasar, Gaspar?). Esto, pasando por la trágica historia de un rey celoso, Herodes, quien al enterarse por boca de estos personajes de la amenaza de un Rey que desestabilizaría su gobierno, decide ir en busca de él y matar a cuanto niño se atraviesa por su paso.

Pero estos expertos de las ciencias oscuras no solo hacen tambalear al malvado rey, sino que hoy mueven las estructuras de cientos de miles de púlpitos cristianos alrededor del mundo, desde donde se intenta matizar el hecho de sus prácticas paganas, diciendo que en verdad no eran magos, astrólogos o espiritistas; sino que eran unos gobernantes sabios.

Y hay razones para intentarlo, principalmente porque en algunos apartes, la misma Biblia condena tajantemente la práctica de la hechicería, el espiritismo, el consultar muertos y demás acciones que rayen el límite del mundo de los vivos con el de los muertos. El relato del rey Saúl consultando el alma difunta del sacerdote Samuel o las advertencias paulinas contra los hechiceros, han sido armas de batalla para advertir del riesgo de entrometerse en estos asuntos.

No pretendo en esta oportunidad asumir una posición referente a esta factible contradicción (yo sé, hay cristianos que no ven la contradicción, pues repito, insisten en que los reyes no eran magos ni astrólogos, sino sabios). Más bien me siento irreparablemente atraído por el mensaje entre líneas, el que se oculta detrás de aquello que se ha intentado negar durante muchos años.

¡Imaginemos!, el secreto del nacimiento del Salvador de la humanidad no fue confiado a los sabios, religiosos, escribas, ni “escogidos”; todo lo contrario, este histórico evento se le reveló a aquellos rechazados por la clase santa religiosa, a los astrólogos, quienes gracias a una estrella (sí, el astro como símbolo del oficio de la astrología) pudieron encontrar al Salvador.

Una sorprendente paradoja que no se queda ahí, sino que además reseña la actitud de estos hombres, quienes honraron al niño a través de los ya populares obsequios oro, incienso y mirra. Mire usted, a lo suyo vino, pero los suyos no le recibieron... Es más, ¡no se enteraron!

En nuestros días la santa casta religiosa y apartada sigue haciendo alarde de ser la dueña de la salvación y su salvador, mientras el texto sigue más vigente que nunca, y sus protagonistas, los incorrectos, siguen moviendo los cimientos de los púlpitos.

Por: David A Gaitan
Twitter / @dabycito

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