Mi pareja me fue infiel, ¿Cómo lo supero? / Serie Infidelidad – Parte 1

infidelidadUno de los dolores más agudos del alma es el producido por la infidelidad o engaño de la pareja, pues en la relación se crea tanta dependencia e idealización del otro, más las altas expectativas que se han construído alrededor de la fidelidad; que esto hace que el golpe sea duro cuando se descubre al cónyuge viviendo una relación sentimental con un tercero.

La reacción ante un proceso tan traumático como este, dependerá de las construcciones sociales e ideológicas de la víctima y pueden ser tan variables como personas hay en el mundo. Por eso, no existe una fórmula estricta, que al seguirla, garantice con éxito el poder olvidar inmediatamente o dejar de sentir el dolor causado cuando se viven estas situaciones.

Sin embargo, hay algunas acciones comunes que pueden aplicar a todos los casos, para así superar estos difíciles momentos, y sobre todo, extraer lo mejor de ellos, pues en la vida, de los episodios más dolorosos, suelen aprenderse las más valiosas lecciones.

Sobre relaciones de pareja mucho se ha escrito y mucho hace falta también por decir, pero un buen principio para abordar el tema, es reconocer que de algún modo llegamos aquí y que al fin de cuentas, ambos en la relación son víctimas (y también victimarios). Ser conscientes de ello, ayudará en el proceso de una forma asombrosa.

Con esto no quiero minimizar la gravedad de lo ocurrido. Ninguna situación excusa una infidelidad o un engaño, pero sí es importante en el proceso de sanidad entender que ambos en la relación aportaron de una u otra manera para el descenlace ocurrido.

Y se debe hacer la diferenciación de infidelidad a engaño, pues según el psicólogo clínico mexicano, Marco Antonio Meza; la infidelidad puede ocurrir en cualquier escenario, desde el pensamiento, el flirteo, e incluso hasta las relaciones sexuales, besos o pornografía (depende lo que cada individuo asuma como tal); pero el engaño es la negación, el no aceptar que se está incurriendo en el hecho cuando se ha sido descubierto o hay sospechas y se es confrontado. El segundo entonces puede llegar a ser mucho más doloroso que el primero.

Así que en este apartado quiero dar algunas pautas a quienes han sido víctimas de infidelidad o engaño, con el propósito que puedan seguirlas y aliviar un poco el dolor. En una siguiente entrega, me referiré a los victimarios, quienes, como ya he dicho, a fin de cuentas son víctimas también. Ambos deberán trabajar con compromiso y esperanza para superar el momento de angustia.

  1. Pedir ayuda

Puede sonar obvio, pero extrañamente, algunas personas que necesitan ayuda no suelen pedirla. Sin embargo esta recomendación no debe quedar aquí, pues no sólo se trata de hablar o exteriorizar, sino que es importante poder dirigirse a personas competentes que estén capacitadas para brindar auxilio profesional y efectivo.

Es importante entonces reconocer que no todos los amigos, familiares o personas queridas podrán brindar buenos consejos que impulsen a la víctima a salir del dolor. Incluso, muchos de ellos, tal vez con una buena intención, dirán cosas que puedan añadir más tristeza, desesperanza, deseos de venganza o aportarán a sumirse más en el dolor.

De igual manera, en círculos religiosos suele presentarse que algunos líderes, ministros, pastores, clérigos, etc; no tienen la preparación académica o teológica necesaria para brindar ayuda efectiva en momentos de desesperación. Estos personajes, tenderán a añadir culpa a la situación, juzgarán a los implicados, e incluso actuarán obedeciendo patrones dogmáticos, prejuicios, estereotipos, e incluso acudirán a ideologías machistas, místicas o supersticiosas como planes de acción.

De este fenómeno no se escapan algunos psicólogos o consejeros, quienes no han desarrollado procedimientos asertivos de acuerdo a cada paciente, sino que generalizan, especulan o improvisan, agrandando aún más el daño que tienen en frente.

Y aunque parezca contradictorio, incluso un cristiano debería considerar la posibilidad de consultar un psicólogo o profesional de la salud que le ayude, en caso de no contar con un ministro o consejero competente y preparado. Cuando de un mal de estos se trata, es mejor estar seguros en manos de quién se deja la privacidad que el manejo de una situación de estas presupone.

Lea aquí: ¿Debe un cristiano visitar el psicólogo?

Alcanzar la superación del dolor nunca ocurre de la noche a la mañana. Así que vale la pena no caer en la tentación de visitar chamanes, brujos, espiritistas, e incluso clérigos religiosos, quienes prometen que con un aceite ungido, pacto económico, una liberación o exorcismo erradicar todo dolor. Así como el dinero fácil no existe, en la vida difícilmente podremos saltarnos las noches oscuras que a final de cuentas serán determinantes en nuestro crecimiento personal.

2. Ser consciente de lo que está ocurriendo y puede ocurrir

Afrontar una infidelidad o engaño generalmente representará para el afectado un proceso de duelo. Según algunos psicólogos, este se manifiesta en varias etapas; desde el ‘shock’ emocional, pasando por la rabia y desesperanza, hasta la aceptación.

Seguir el primer consejo de este documento, ayudará a que el profesional consejero guíe a la víctima en cada una de estas etapas, aportando en la identificación y superación de las mismas, así como dando indicios sobre en cuál se encuentra.

Esto es muy importante al momento de tomar decisiones sobre lo que vendrá luego, pues generalmente no es recomendable tomar decisiones basados en emociones, sino en principios; pues si se hace lo primero, una vez desaparezca la emoción, también lo hará la decisión; en cambio los principios son inamovibles.

Cada persona que ha vivido un dolor a causa de la infidelidad de su pareja, deberá en algún momento decidir si quiere reconstruir la relación, dando otra oportunidad, o nó. Ambas decisiones respetables y ambas valiosas. El consejero guiará a que se tome la mejor, sin coacción o manipulación, sino presentando imparcialmente las opciones, para que sea así una decisión libre y concienzuda.

Es por eso que los momentos inmediatamente posteriores al enterarse de la infidelidad o engaño no son los mejores para decidir nada. En esos días se debe vivir al máximo, superar el duelo, realizar actividades, pero no tomar decisiones.

Si en medio de las terapias o ayuda, el profesional terapeuta se muestra a favor de una decisión, o presiona, juzga, reacciona de manera no apropiada ante la respuesta del doliente, es recomendable cambiar de consejero.

3. Sentir lo que se deba sentir, hacer lo que se deba hacer

Muchas veces personas cercanas al doliente querrán evitar que este exteriorice su dolor a través del llanto, la tristeza, la soledad, etc. Sin embargo, a pesar que algunos de ellos hayan vivido una situación similar en el pasado, no sabrán exactamente qué es lo que está ocurriendo realmente en la vida de quien ha descubierto una infidelidad por parte de su pareja. Como ya he reseñado anteriormente, cada persona y relación de pareja es un universo diferente a otro.

Así que si hay que llorar, pues que se llore. En no pocas oportunidades se pierde el sueño o el apetito; hay que vivir estos momentos del proceso como algo natural, tratando por supuesto de evitar que lleguen a extremos y, siempre bajo la guía y acompañamiento del profesional.

Una de las más grandes amenazas que se presentan en círculos religiosos, es reprimir estos sentimientos bajo el paradigma de “usted no está en derrota, viva en victoria, no declare ni llame la tristeza en su vida, no abra puertas a sentimientos que son del diablo, tiene que perdonar, no se puede separar, no se divorcie porque se va para el infierno, etc”. Este tipo de pensamientos, lejos de ayudar, están obstaculizando y retrasando el proceso de sanidad.

Muchas veces, las personas encuentran en estos difíciles momentos la oportunidad de desarrollar más su espiritualidad, orar, acercarse a Dios, cantar, etc. Siempre es recomendable hacerlo, muchas personas han encontrado un gran refugio y ayuda en medio del dolor cuando se involucran en este tipo de actividades.

Y así, podemos seguir al siguiente consejo, el cual depende un poco también de este.

4. Disfrutar la vida en medio del dolor

Esta es una linda etapa para vivir. Una de las premisas más difíciles y paradójicas es justamente aprender a disfrutar del dolor. Pero aunque parezca mentira, el llano se puede disfrutar, la soledad también, el frío y el calor. De todo este proceso, al final quedarán memorias que construirán la vida y este pasado habrá dejado maravillosas lecciones.

Muchas personas encuentran en sus días negros y grises que tienen un don para la poesía, por ejemplo; otros se acercan más al arte, a las letras, la pintura; algunos más comienzan a disfrutar la música, descubren géneros que antes no habían conocido y que ignoraban por la rutina y la ‘normalidad’ de la vida.

Esta es una excelente época para viajar, ir al cine, salir, ver un amanecer, conocer nuevos amigos, leer, emprender proyectos que se habían dejado estancados en la vida. Los sentidos están mucho más despiertos y sí es posible aprender a adquirir gustos y ver cosas que antes estaban allí, pero que no se apreciaban. ¡Nunca es tarde para aprender de vinos o cafés!

Como siempre, es importante llevar las cosas con calma y no sumirse en la depresión ni los excesos. Es indispensable aprender a conocerse a sí mismo y saber qué cosas pueden degenerar en una adicción o situación que no queremos vivir. Por eso, rodearse de seres queridos, consejeros y amistades valiosas ayudarán a identificar los límites que pueden hacer daño, para no cruzarlos.

En medio del proceso de sanidad a veces hace falta escribir. Escribir cartas a la pareja que fue infiel, desahogarse (no hay que hacérselas llegar), sacar el dolor y pensamientos oscuros a través de estos ejercicios, escribir de la vida, escribir de lo que gusta y de lo que nó. Escribir, escribir y escribir. Escribir mucho.

Este es un muy buen tiempo para pensar en sí mismo, volver a desempolvar planes pasados,retomar las clases de baile y el gimnasio, volver a la iglesia, ir de compras y comer helado.

Leer aquí: Permítete ser Humano

5. Perdonar, siempre perdonar

Como ya he manifestado anteriormente, perdonar no necesariamente significa restaurar la relación, por eso no hay que temerle.

Popularmente es bien sabido que no perdonar es como pretender beber un veneno, esperando a que muera la persona a quien no perdonamos. Al final de cuentas, es el perdón un regalo que damos, pero que nos hace bien a nosotros mismos.

Lea aquí: Sólo se perdona lo imperdonable 

En ese mismo camino, la venganza hace daño a quien la planea y ejecuta, pues es justamente un veneno que va matando sin que quien lo bebe, se de cuenta. Así mismo la venganza que quiere destruir al otro, no contribuye en nada al proceso de vivir la vida, pensar en sí mismo, pues traerá amargura y añadirá dolor al dolor, creando un círculo interminable de daño y frustración.

Algunas parejas después de un episodio de infidelidad o engaño, deciden dar por terminada la relación; sin embargo, muchas otras encuentran en estos dolorosos sucesos, la oportunidad para restaurarla y mejorarla. Aunque en un principio no es tiempo de decidir sobre ello, siempre al final se habrá evaluado lo acontecido y el desenlace puede ser aliviante y maravilloso.

Por: David Gaitan
Twitter / @dabycito

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