¿Celebramos el cumpleaños del pastor el domingo durante el culto?

Puestas en escena, canciones, dulces, ofrendas ante el altar, regalos de todo tipo, palabras de afecto y otras expresiones engalanan cientos de púlpitos un domingo al año, cuando en esa semana coincide la fecha de nacimiento del líder de la comunidad religiosa.

Una práctica que no es más que la demostración de cariño, afecto y agradecimiento a un hombre que sin duda alguna sacrifica muchas cosas, sufre, llora, lucha y ama a su comunidad mientras desarrolla su ministerio.

Pero, ¿Quién no sacrifica muchas cosas, sufre, llora y ama durante su vida?. Dicen que el del pastor es uno de los empleos más estresantes de la humanidad. Y no lo pongo en duda, cuando la materia prima son las personas, las cosas se pueden tornar particularmente difíciles.

Sin embargo, este tipo de actividades durante la liturgia acrecientan aún más el abismo entre ministro-feligrés. Mismo, que sencillamente no debería existir.

Y ahí es cuando aparece la paradoja, pues mientras desde el púlpito se critica la idolatría de iglesias como la Católica de Roma, en los mismos templos evangélicos y protestantes se idolatra también. Pero hay una diferencia, mientras los ídolos de madera o yeso no oyen, ni ven, ni hablan; los de carne y hueso no sólo permiten la adoración y veneración desmedida a sí mismos, sino que además predican, manipulando comportamientos y  pensamientos. Sí, los segundos son más nocivos.

Así que bien vale la pena repensar el gobierno episcopal de la iglesia y considerar seriamente el sacerdocio universal del creyente, no como una mera teoría o apasionado sermón de domingo, sino como una realidad en la praxis eclesiástica.

Por supuesto que este tipo de ideas presuponen muchos retos, pues la libertad lleva consigo la responsabilidad de autocontrolarse, ser maduros y desarrollar bien la tarea sacerdotal.

Lea aquí: Cuando no se quiere o no se puede vivir en libertad

Así que desde esta perspectiva, la respuesta podría ser, sí… ¡Que se celebre en el culto los cumpleaños del pastor!, pero también los del sonidista y los del pianista, los del ujier que recibe a los hermanos en la puerta y los de la hermana que nos ayuda con la limpieza de los baños… ¡Que se celebren todos! Al final de cuentas somos comunidad y vemos a Dios en el hermano también.

Sin embargo, y pensando las cosas con un poco más de cabeza fría, celebrar los cumpleaños de todos los miembros de la comunidad presupondría que se nos reducen los domingos disponibles para desarrollar la liturgia, y entre más grande la congregación, menos días en el calendario para esto. Todo, sin tener en cuenta los gastos económicos que conllevaría la realización de esta idea.

Por eso, si no se celebran todos, entonces que no se celebre ninguno y así no hacemos acepción de personas, seguiremos el consejo bíblico y entenderíamos que todos somos iguales ante el Señor y deberíamos serlo ante las personas también, así seguiremos construyendo iglesias saludables.

Por: David A. Gaitan
Twitter / @dabycito

 

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