Los verdaderos poderes del Diablo

Siempre que hay un acercamiento a temas bíblicos, lo primero que se debería considerar es lo que tradicionalmente se ha dicho de él, pues es desde ahí que la reflexión teológica se puede construir o deconstruir. Entonces, una vez entendida la posición de cierta corriente hermenéutica u organización, bien se puede aportar al conocimiento existente o por el contrario, se puede generar interrogantes a posturas clásicas, dando como resultado una interesante y enriquecedora conversación.

Particularmente tengo amplias raíces pentecostales y carismáticas, desde las cuales se han escrito un sinnúmero de publicaciones sobre demonología, diablogía, satanasía y demases; han respondido a preguntas como, ¿Quién es el diablo y sus demonios? ¿Cómo y dónde opera? ¿Cómo limpiar los aires espirituales? ¿Cómo realizar el mapeo espiritual? ¿Cómo realizar declaraciones y decretos en contra del reino de las tinieblas? ¿Cómo realizar una liberación eficaz? y algunos cuantos etcéteras más.

Hay diversas explicaciones al asunto del mal y a la encarnación de este. El diablo, como personaje con características antropomórficas [1], liderando a un ejército de demonios. Este último, aún en medio del pentecostalismo y sus disidencias, puede ser conformado, o bien por lo ángeles que se rebelaron contra Dios en el cielo antes de la expulsión del Luz Bella, o bien, almas de seres humanos que han muerto sin Cristo (no salvos) y que deambulan en el mundo, mientras cumplen la sentencia de vivir ciento veinte años en nuestro planeta. Ambas con su respectivo sustento bíblico.

Aquí se han dibujado un importante número también de escenarios escatológicos [2], en donde se ha descrito que estos demonios organizarán un complot casi conspiracionista, en el que mostrarán a supuestos extraterrestres para explicar así el Arrebatamiento de los hijos de Dios, entre otros.

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En la vereda de enfrente se encuentran la mayoría de reformados e iglesias históricas, quienes ya cerraron el tema con la expresión, Cristo venció al diablo y sus demonios en la cruz, por consiguiente no hay maldición que afecte a los verdaderos hijos de Dios, o, No importa preguntarse por lo que Dios no quiso mencionar, misteriosos son los caminos del Señor y eso compete a la soberanía divina. No es un tema que les trasnoche, ni por el cual se interesen mucho. Sin embargo, en cualquiera de los casos, la imagen del diablo y los demonios se ha construido desde cierta cosmovisión binaria entre el bien y el mal, y pareciera que desde la trascendencia de un mundo espiritual, entendido con ciertos tintes neoplatónicos.

Como ya hemos tenido cierto contacto con dichas explicaciones sobre el asunto del mal y como ya se ha escrito tanto, no valdría en esta oportunidad hacer llover sobre mojado, sino más bien explorar qué significado podría tener para nuestros días el diablo y la relevancia de dicho significado en el quehacer.

Me atrae de sobre manera la declaración del teólogo chileno César Soto, quien reflexiona sobre nuestra actitud al momento de acercarnos a las Escrituras desde una conocida canción del cantante español Alejandro Sanz. En su tema Amiga Mía, el músico declara “Yo quiero regalarte poesía, tú piensas que estoy dando las noticias”. Así que Soto, valora el mensaje expresado por el cantante y lo compara con los evangélicos en nuestros días. Tenemos el texto sagrado escrito en verso, con claras alusiones alegóricas, con figuras literarias metafóricas, hipérboles y otras; toda una obra poética, pero la leemos como una crónica o reseña periodística y las interpretamos literalmente. Interesante.

Así hemos hecho con los textos de Ezequiel 28 e Isaías 14. Un personaje descrito en estos textos, un ángel, vestido de piedras preciosas, con ciertas características y responsabilidades que es expulsado por sus comportamientos en contra de Dios mismo, su creador. Incluso, algunos teólogos defienden que estos mensajes iban dirigidos a reyes de carne y hueso en sus días y que no se refieren necesariamente a un ser neoplatónico que encarnó el mal.

Sin embargo, desde el poema, el mensaje teológico es supremamente relevante: Dios no tolera el mal, y por su benevolencia, siempre lo expulsará de delante de él. Al mal y a quienes lo siguen, lo secundan, e incluso, lo adoran. Entonces sí, el autor bíblico lo habría descrito desde su entendimiento y entonces habría engendrado la explicación del origen del mal que tanto daño hace, habiendo visto a su alrededor el sufrimiento y lo que ocurre, de tal manera que bien pudo presuponer que este tenía, incluso, voluntad propia, le adjudicó características antropomórficas y poderes deterministas.

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Pero, ¿Y si el mal no necesariamente está encarnado en un Diablo como personaje antagónico a Dios mismo? Otro de los relatos que lo describe como tal, es la historia de Job. Bien podría ser un hecho histórico, bien una parábola. No hay consenso al respecto, aunque en cuanto a Satanás, se lo ha asumido como un relato literal histórico, cuando, repito, no hay certeza de ello. Otra vez, interesante.

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Pero bien, si ese Diablo es un personaje real, antropomórfico, con voluntad propia, un ser creado que se corrompió, ¿Qué características posee? ¿Es también omnisciente, omnipotente, omnipresente, etc? Al parecer estas características se le han adjudicado en cientos de miles de púlpitos alrededor del mundo, cuando se dicen cosas como El Diablo lo tiene derrotado, no se deje vencer por el Diablo hermano, ó, vamos a derrotar al Diablo.

Así que ante ciertos temas, en los que parece haber diversas respuestas a un sólo interrogante, muchas veces disímiles entre sí, un buen camino, de hecho el mejor de todos, es intentar acercarse a los textos desde Jesús para poder construir entonces una percepción de aquello desconocido a lo que nos enfrentamos.

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Y aparece entonces una referencia textual a Satanás en medio de un momento determinante en la vida de Jesús, en su tentación. Y la palabra Satanás significa: Adversario, Enemigo, Acusador. Es interesante además cómo el relato está lleno de simbolismos y detalles importantes en el contexto judío: 40 días, el desierto, el Espíritu Santo quien es quien lo lleva allí, etc. Pero uno que se destaca es la vulnerabilidad en la que estaba el Hijo de Dios en ese momento, luego de pasar tiempo sin tener alimento, cuando la flaqueza lo caracteriza y hay dentro de sí, una lucha contra él mismo.

Notemos que incluso las tentaciones que recibe, propendían a atacar esa situación de vulnerabilidad en la que se encontraba. La primera, atendería directamente a la de alimentarse, la segunda, a demostrar que él verdaderamente era el Hijo de Dios y contaba con el respaldo del Padre; la tercera, obtener el gobierno de las naciones sin tener que pasar por el dolor. ¿Y si la tentación de Jesús, entendida en el imaginario colectivo como proveniente de un ser externo, más bien había nacido de su interior, como cualquier ser humano? ¿Y si la acusación, la adversidad y el enemigo número uno de su plan en este mundo era él mismo, y la figura del diablo es una expresión poética de ello?

Uno de los textos que más se usa en demonología y liberación (exorcismo) es el que se encuentra en el evangelio de Marcos capítulo 5. Recuerdo haber escuchado al teólogo chileno Ulises Oyarzún, hablar sobre la carga simbólica del relato, la cual hace tanto ruido, que es imposible pasar por alto.

En primer lugar, el endemoniado se llama legión, un nombre que en la época sólo se le adjudicaba a un pelotón de mil soldados del ejército de Roma. Ningún otro ejército en sus días denominada a sus pelotones de esa manera. Así que aquí tenemos al poder opresor del imperio, representado en los demonios.

Luego, este legión, reconociendo la autoridad del Hijo de Dios le pide que no los saque de su tierra. Aquí tenemos el lugar de influencia de Roma, en una tierra que no era suya, sino usurpada. Y en última instancia, pedir que sean enviados a los cerdos, lo cual les es concedido. Los cerdos, animales inmundos, la escoria, son menos que la maleza, repudiados. El mensaje es frontal: No hay poder del imperio que haga afrenta al Reino de Dios de tal manera, que no quede reducido a menos que inmundicia.

Por último, el descontento de los habitantes de la región, quienes no ven la liberación de un oprimido como el mayor de los milagros, sino que se percatan de las pérdidas económicas que esto representa para ellos. El no aceptar el mensaje de Jesús como una buena nueva, sino como una afrenta al status quo.

Hay que subrayar que el desarrollo científico en los tiempos que narra la Biblia era casi inexistente. De esta manera, no se tenía el conocimiento que poseemos hoy con respecto a muchas cosas que ocurren a nuestro alrededor. Por ejemplo, para la humanidad en la antigüedad, un terremoto era producido por la voz de Dios a causa de su enojo con la tierra que lo experimentaba. Hoy la ciencia nos ha mostrado que estos fenómenos se ocurren naturalmente por la acomodación de las placas tectónicas bajo el suelo, y que por consiguiente, estos se pueden presentar, tanto en ciudades, como en áreas despobladas.

Así mismo pasaba con muchas enfermedades que no tenían explicación ni cura con la medicina de esos días, todo se le adjudicaba al diablo, o a algún pecado que hubieran cometido los padres y este afectaría a los hijos. De igual manera, cualquier enfermedad mental, se le daba crédito a demonios, hoy sabemos que así como el cuerpo puede padecer desórdenes, la mente también.

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Y aunque Jesús se refiere al mal también con el título del Príncipe de este mundo, lo hace refiriéndose al sistema opresor, a los pecados comunitarios, la envidia, el egoísmo y la ausencia de afecto por el otro, por quien sufre, el necesitado, el falto de amor.

Parece que al Maestro de Galilea no le interesa cómo se origina el mal que se expresa en alguien a la vera del camino, sino que más bien se preocupa en enseñar a sus seguidores cómo combatirlo. En el evangelio de Juan, capítulo 9, versículo 3 declara que no es importante quién pecó, si los padres, antepasados o incluso quien es agobiado por el mal, sino que su situación es la mejor oportunidad para que Dios se glorifique.

Esto de ninguna manera reivindica el mal o la pobreza, sino que de acuerdo a la vida de Jesús, vencer el mal, restaurar, quitar el hambre de quien la padece, es la mejor manera de dar gloria a Dios. Vencer al mal con el bien.

Entonces se ilustra magistralmente con la oración del Padrenuestro y la metáfora que propone el Apóstol Pablo hacia la iglesia. Este último se refiere a ella como cuerpo. De este modo, si nuestra oración es vencer el hambre pidiendo a Dios que envíe comida a quienes no la tienen (el pan de cada día), las Escrituras nos recuerdan que nosotros mismos somos el cuerpo de Cristo en la tierra y es ahora nuestra responsabilidad proveer pan a quien no lo tiene en nombre de Dios, para así, vencer al mal con el bien.

Eso mismo ocurrió en la parábola del Buen Samaritano. Hubo un mal que le sobrevino a un hombre. No importa si se es religioso o no, si se es aceptado o rechazado, si se tiene status o se es inmundo, hay que ayudar al prójimo, a la víctima, y entonces habrá venido la salvación. A quien padeció y a quien extiende la mano para ayudar. Hermoso.

Al final, ¿Qué importa si el diablo es la encarnación del mal, si es un ser con características antropomórficas o no, si los demonios son ángeles caídos o almas en pena? Lo importante es que asumamos nuestro papel como iglesia de ser la respuesta de Dios a ese mal, para así erradicarlo.

Sin embargo, hay varias referencias del mismo Pablo a “principados, potestades, huestes de maldad en las regiones celestes, etc”. Al parecer, en el momento en el que se escribe mucha de la literatura del Nuevo Testamento, incluyendo el apocalipsis, la iglesia ya era objeto de persecución por parte del liderazgo de la religión oficial y de Roma. Así que para poder comunicarse, las cartas escritas en aquellos momentos se valieron de recursos literarios para referirse a sus perseguidores, metáforas como las que usaron Pablo y Juan para que no fueran entendidas en caso de ser interceptadas. Este último en el libro de las revelaciones.

Lea aquí: ¿Cómo es posible que en una cruz se exponga y se triunfe sobre los principados y a las potestades?

Así que el mal, nos llevará irremediablemente a pecar, ¿Y qué es pecar? 1 Juan 3:4 nos da una definición bastante útil, pecado es infracción de la ley; pero, ¿Cuál ley? Mateo 22:37-40 tiene una respuesta sorprendente:

“Jesús le dijo: Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con toda tu mente. Este es el primero y grande mandamiento.

Y el segundo es semejante: Amarás a tu prójimo como a ti mismo. De estos dos mandamientos depende toda la ley y los profetas”

Así que ¿Quién es el diablo? Muy fácil, si quieres ver a tu acusador, enemigo y adversario, sólo debes mirarte al espejo. Basta de culpar a agentes externos de nuestras propias fallas, es tiempo de conocernos en Cristo para vernos como Dios nos ve y si el resultado de este examen, arroja que necesitamos ayuda, debemos aprender a pedirla.

“Cuando ustedes sean tentados a hacer lo malo, no le echen la culpa a Dios, porque él no puede ser tentado, ni tienta a nadie a hacer lo malo.14 Al contrario, cuando somos tentados, son nuestros propios deseos los que nos arrastran y dominan. 15 Los malos deseos nos llevan a pecar; y cuando vivimos sólo para hacer lo malo, lo único que nos espera es la muerte eterna” Santiago 1:13-15

Por: David A Gaitan
Twitter / @dabycito

Notas:
[1] Características Antropomórficas: Con formas humanas, concebido como un ser, que al igual que el humano, cuenta con voluntad propia.

[2] Escatología: Que tiene que ver con eventos futuros del fin del mundo, visiones proféticas apocalípticas.

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