En Agosto celebramos con nuestros jóvenes

Normalmente se asocia la juventud a la rebeldía y la desobediencia. Esa misma que vehementemente condena Proverbios 22:15 y que como remedio, propone el uso de la vara de la corrección. Y es que no se equivoca el autor cuando afirma que la rebeldía está ligada al corazón del joven. Lamentablemente, poco a poco se le ha desarraigado de allí.

Y digo que lamentablemente porque hoy la juventud es tan sumisa, tan obediente, tan enajenada, que está yendo en contra de su naturaleza (sí, en estos días en los que se defiende tanto lo natural). ¿Dónde está esa rebeldía de las parteras en días de Moisés, quienes se negaron a matar a los niños hebreos mintiendo, declarando que las mismas madres daban a luz a sus hijos sin su ayuda, para salvarse? ¿Dónde la rebeldía de aquella madre, la cual viendo que los niños eran asesinados, escondió el suyo en una canasta y lo lanzó al río para salvarlo de la muerte y para librar a todo un pueblo de la opresión?

¿Dónde queda la rebeldía y desobediencia en medio de la constitución de una ley en la que todo un pueblo se negaba a hacer sacrificios humanos, cuando lo normal de los vecinos era que estos debían practicarse? ¿Dónde, esa misma ley que establecía el día sábado para que aún los esclavos pudieran descansar por lo menos un día a la semana?

¿Qué pasó con el espíritu de aquellos jóvenes que se negaron a probar los platos de la mesa del rey por mantener su integridad a su Dios? De este último se podría escribir todo un tratado de lo que significa no comer la comida de un soberano que a través de la adoración a su ser estaba promoviendo la  subyugación y obediencia ciega a un sistema corrupto.

¿A dónde quedó el espíritu arribista de aquella reina que se negó a esperar perecer en mano de sus enemigos y rompió las reglas presentándose ante el Rey y organizando una cena para confrontar a sus detractores? ¿Se esfumó acaso el ímpetu del profeta que a riesgo de ser ejecutado pidió audiencia con el Rey y le declaró su corrupción, adulterio y asesinato, sin importar que estaba dirigiendo sus sentencias ante un Soberano revestido de autoridad y respaldo de Dios para gobernar?

¿Qué de la valentía y a su vez anarquía de la mujer inmunda por su flujo de sangre, quien menospreció su propia inmundicia ritual para violarliteralmente la ley al tocar al Hijo de Dios para ser sanada?

Porque, justamente, si hablamos de Jesús, nos tenemos que referir a él como el más grande desobediente y rebelde del texto Bíblico… Si no me creen pregúntele a las mujeres que lo acompañaron en su ministerio. A María, por ejemplo, quien se sentaba a aprender a los pies del Maestro, cuando una mujer no podía hacer tal cosa en su tiempo, ¿No es acaso esta una gran muestra de desobediencia a la ortodoxia?

O pregúntenle a los Sacerdotes y Rabinos del Templo, a quienes el Maestro de Galilea les dijo que ellos en su afán de encontrar discípulos, los hacían dos veces más merecedores del infierno que ellos mismos. O cuando denunció su maldad públicamente, sacándoles en cara que estaban robando al pueblo, exigiendo ofrendas sobre aquello que debía usarse para honrar a los padres. Seguramente los religiosos se escudarían en la frase “no toquéis al ungido”, mientras sus palabras generarían temor.

Hablen un par de minutos con el joven ciego, aquél a quien le preguntaron si Jesús era pecador o no, y quien por respuesta les dijo, no sé si es pecador; lo único que sé es que yo antes era ciego y ahora veo. Toda una afrenta a quienes mantenían el monopolio del camino a Dios y sus enseñanzas, a los guardianes de la “Sana Doctrina”.

Hablen con el hombre o la mujer que fueron sanos en Día de Reposo, o con los leprosos que fueron tocados por el Maestro, cuando explícitamente la ley condenaba dicha acción, pues quien lo hiciera, sería inmundo.

Esa es la causa lamentable de la pasividad y adormecimiento de los jóvenes hoy día en nuestras iglesias. Páginas harían falta para describir más casos de rebeldía y desobediencia a lo largo de las Escrituras, desde una comunidad creyente a principios del Siglo I, quienes afrentaron al imperio y su represión, hasta pequeñas muestras individuales de sensatez en medio del mundo, en contra del Príncipe de las Tinieblas.

Así, la religión y la fe, al servicio del sistema opresor de turno, enarbola las banderas de “Toda autoridad ha sido puesta por Dios… Sométanse a sus autoridades”, para acallar a quienes se lo han permitido. Un texto leído bajo la literalidad y sin el mínimo esfuerzo de hermenéutica desde la exégesis tienen a cientos de miles de jóvenes y viejos sumisos, callados, obedientes, enajenados. ¿Qué mejor discurso que ese para que sus agendas prosperen, aún cuando no fue el mensaje de Jesús?

Porque la Biblia no debería leerse versículo a versículo, incluso capítulo a capítulo, no. Esta debería entenderse en su contexto completo, pero sobre todo con Jesús como ficha hermenéutica primaria, para no echar por tierra sus palabras cuando dijo, “Quien me ha visto a mí, ha visto a mi Padre”.

¿Es decir que estoy diciendo que debemos ser mentirosos y desobedientes? No. Estoy diciendo que debemos leer y releer la Biblia, sin miedo a encontrarnos con cosas que nos hagan cuestionar y generar interrogantes. Bajemos del pedestal al pastor, al profeta, al ministro, al apóstol y pongamos en el lugar de eminencia a Jesús, escuchémoslo, conozcamos su vida, sigamos sus consejos.

Por: David Gaitán
Tomado de la revista “Él entre nosotros”
Leer el texto completo aquí: https://elentrenosotros.wordpress.com/2017/07/17/jovenes-contra-natura/

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