Siete Palabras: Una madre no reconocida

Mujer, ahí tienes a tu hijo. […] Hijo, ahí tienes a tu madre

Una de las particularidades más curiosas de esta cita, es que Jesús no se refiere a María como madre, sino como mujer. Un detalle que no debería pasarse por alto cuando se observa el ministerio del carpintero galileo con detenimiento.

En cierto momento, el Maestro del camino estaba enseñando las Escrituras en algún lugar de Palestina. Entonces llegó María, según el relato del Evangelio, junto a sus hermanos y mandaron a llamar a Jesús. Cuando él recibió el mensaje, respondió que no tenía madre ni hermanos, sino que su madre y sus hermanos era hacer la voluntad del Padre.

Si alguno de nuestra millenial generación recibiera dicha respuesta por parte de un hijo, seguramente la indignación y el dolor serían la reacción. Sin embargo, aunque duras, las palabras del carpintero estaban orientadas a la liberación. Este episodio se ha usado históricamente desde muchos púlpitos y templos para decir que el servicio en la iglesia es más importante, incluso que la familia. Pues, quien no deja a padre y madre por mí, no es digno de mí.

Pero esta no pareciera ser la intención del nazareno. Es posible que en este particular su discurso estuviera orientado a romper las cadenas de poder y dominio que representaban las tradiciones familiares, las cuales habían llevado casi que al punto de la esclavitud, el sometimiento de las voluntades de los judíos hacia las figuras de poder. En términos generales, no hay nada malo con estas últimas, a menos que se ejercieran desde el autoritarismo, la violencia, la injusticia y la opresión.

En ese sentido, Jesús estaba salvando a sus itinerantes oyentes al declarar que él era mayor a esas figuras, no en el sentido político o necesariamente religioso desde la veneración o adoración hacia su persona, sino que seguir una vida de justicia, de empatía, misericordia y solidaridad, podría traer libertad de todos esos poderes. Es decir, observar y vivir su vida, oír sus palabras.

El rol de mamá había traído también esclavitud hacia las mujeres. Este no les permitía por ejemplo estar en el templo impartiendo las lecturas escriturales; es más, ellas no podían ni siquiera compartir el mismo espacio que los hombres en las sinagogas, sino que debían permanecer fuera de ellas mientras se ocurría la enseñanza de los rollos.

Al liberar el Maestro del camino a las damas que lo acompañaban de este rol, las estaba dignificando. En los relatos de los evangelios encontramos muchas veces a las mujeres participando de las enseñanzas de Jesús junto a los hombres en igualdad de condiciones y participación. Esto no quiere decir que él las haya puesto a elegir entre ser madres o sus seguidoras, animándolas a que descuidaran a sus hijos, sino que estaba resignificando su posición social.

En la cruz, el Hijo del Hombre estaba reforzando la línea de su mensaje en ese sentido.  No llama a María madre, sino mujer, pero le encarga a Juan, el amado, como hijo adoptivo. Este detalle es todavía más liberador. Una madre tiene autoridad sobre su hijo, ella es la encargada de enseñar a los niños la doctrina religiosa y el cuidado del mismo. De alguna manera, Jesús dibujaba una relación de poder entre la mujer y el discípulo, uno que era liberador para ambos, porque el hacer la voluntad del Padre es la verdadera relación filiar madre e hijo, María encarnaba esto por la misericordia que su ser representaba. #Relectura

Por: David A Gaitán
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